«A mi padre octogenario le dieron el alta con fiebre a las tres y media de la mañana, con lluvia y cinco grados en la calle»

Un gijonés relata el vía crucis de su padre de 83 años el pasado enero al ser remitido a Urgencias de Cabueñes , en donde fue atendido por «una médica MIR» que le dispensó «un trato inhumano e imprudente»

Hospital de Cabueñes
Hospital de Cabueñes

Gijon

«Mi padre es un bisabuelo de casi 84 años que ha dedicado su vida a trabajar duramente para sacar adelante a su familia». Así comienza el gijonés Javier Blanco el relato del «trato inhumano e imprudente» dispensado por «una médica MIR» a su padre en el servicio de urgencias del hospital de Cabueñes.

«Mi octogenario padre se ha dado de bruces con la dura realidad de lo que hoy representan nuestros mayores para algunos jóvenes médicos», prosigue, explicando que los hechos tuvieron lugar el pasado 23 de enero, cuando su padre fue remitido en ambulancia por el médico de su centro de salud con carácter de urgencia a Cabueñes al padecer fiebre elevada, dificultad respiratoria, dolor en el pecho, además de temblores y escalofríos, «síntomas agravados por el asma de origen profesional que padece».

Blanco explica que, apenas dos horas después de ser ingresado, a las 3.30 horas de la madrugada, «la médica MIR responsable de su diagnóstico y atención le dio el alta y le mandó a la calle con 38 grados de fiebre, acusado malestar general y con un tiempo terrible: 5 grados de temperatura y una intensa lluvia». Esa noche, de fuertes precipitaciones, «no existía saturación en urgencias, pues había camas disponibles».

Debido a su maltrecho estado de salud, «mi padre no había cogido dinero ni las llaves de su casa cuando le recogió la ambulancia» y así se lo comunicó a la médica, «pero no sirvió de nada, así que con sus ya largos 83 años, y en plena noche de una invernal madrugada de invierno, recogió sus cosas y se dirigió hacia la parada de taxis, por supuesto vacía».

Blanco explica que la lluvia le caló a su padre hasta los huesos, «agravando su estado en los días posteriores». Y que tuvo que pedirle a un «amable vigilante de seguridad» que le hiciera el favor de llamarle a un taxi y explicarle al taxista que le pagaría en destino al no tener la cartera. «A las cuatro de la mañana tuvo que despertar a mi madre, también octogenaria y aún convaleciente de una rotura de cadera, algo que le comentó a la MIR».

«Una situación temeraria que puso de manera innecesaria en riesgo la salud de mi padre»

Según prosigue, «todo este lamentable y evitable vía crucis sufrido por mi padre fue provocado por la carencia de capacitación humana y profesional para el desarrollo de sus funciones de la responsable médica MIR del servicio de urgencias que le atendió, que tuvo hacia su persona un trato inhumano e imprudente que dio lugar a una situación temeraria que ha puesto de manera innecesaria en riesgo la salud de mi padre». Además, el hijo del afectado considera que ha supuesto «una violación de sus derechos fundamentales como paciente y usuario del Servicio de Salud del Principado de Asturias a recibir una atención médica adecuada y a ser tratado con dignidad y respeto».

Por todo ello, considera que el hecho de que una «profesional médica recién llegada muestre esta carencia de vocación, respeto, empatía y cualificación» es «una mala noticia para los usuarios de la sanidad pública asturiana. Especialmente para los que pertenecen a un sector socio-sanitariamente considerado vulnerable y frágil como son nuestros mayores». También considera que para ejercer la carrera de medicina sería deseable «un sentimiento que no se adquiere en la universidad, que se posee o del que se adolece, y que además es un derecho: humanidad».

«La sociedad está en deuda con nuestros mayores»

De su padre también dice que representa a una generación con la que la sociedad actual está en deuda: «Con el esfuerzo y espíritu de superación de aquellos a los que les tocó vivir una guerra civil y las posteriores miserias de la  posguerra, nuestros mayores forjaron un carácter de lucha y superación del que este país se ha beneficiado para llegar a ser hoy en día mucho mejor, sustentado en su sacrificio generoso y solidario. Gracias a su trabajo y capacidad se han apuntalado pilares fundamentales para una sociedad más solidaria y justa como por ejemplo la gratuidad, universalidad y calidad de los servicios de salud pública».

En este sentido, recuerda que «muchos jóvenes médicos que hoy atienden a nuestros mayores han podido estudiar y desarrollar su vocación gracias a los sistemas de becas y ayudas creadas con los impuestos que ellos esforzadamente han pagado». Por contra, como le ha ocurrido a su padre, en ocasiones se dan de bruces contra una realidad en la que llegan a ser tratados como «un bulto sospechoso sin derecho al mínimo respeto y consideración exigibles a estos profesionales», una situación que «representa un preocupante síntoma de la insensibilidad de la que hacen gala algunos galenos en las urgencias de los hospitales públicos».

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«A mi padre octogenario le dieron el alta con fiebre a las tres y media de la mañana, con lluvia y cinco grados en la calle»