Cómo ganarse la vida como «influencer»: cuatro asturianas revelan el secreto

Isasaweis, Carmen Osorio, María García y María Barcia explican en Foro Empleo 2019 cómo sus contenidos en las redes sociales acabaron por convertirse en su mejor opción profesional

Por la izquierda, Carmen Osorio, Isabel Llano, Eugenia Suárez, Carmen García y Carmen Barcia
Por la izquierda, Carmen Osorio, Isabel Llano, Eugenia Suárez, Carmen García y Carmen Barcia

Gijón

Las cuatro son asturianas. Las cuatro se han hecho algo más que un hueco en mitad del barullo digital arrastrando a miles (a menudo decenas y a veces cientos de miles) de seguidores para sus blogs, sus cuentas de Instagram o sus vídeos. Y las cuatro coinciden en que el territorio influencer está lleno de oportunidades profesionales, pero también en que no es sin más un escaparate para el lucimiento, sino un trabajo exigente, sin horarios y que requiere incluso un temple de carácter determinado para soportar la sobreexposición. la periodista Carmen Osorio (No soy una drama mamá); la popular Isabel Llano (Isasaweis), la influencer de moda María Barcia y la blogger de viajes María García (Callejeando por el Mundo) han acudido a Foro Empleo 2019 para participar en una mesa redonda en la que -ante un público casi completamente femenino- han mostrado su carácter de «mujeres asturianas pioneras, con historias de superación importantes» y una presencia «de gran impacto» en las redes, tal y como ha destacado la vicerrectora de Acción Transversal y Cooperación con la Empresa, Eugenia Suárez Serrano. El objetivo era poner ante los egresados y egresadas que participan en el encuentro el «mundo de posibilidades y de retos» que se abre en este terreno. Y también sus peros.

A pesar de la diversidad de asuntos e intereses que ocupan sus respectivos mundos en la red, la trayectoria de las influencers asturianas comparten muchos rasgos comunes. Provienen de terrenos profesionales que nada tenían que ver con lo que ahora les ocupa la totalidad de su tiempo laboral (que es prácticamente todo su tiempo): Carmen Osorio, el periodismo, fundamentalmente el deportivo; Isabel Llano, la docencia y María García, un absorbente trabajo como química. María Barcia estaba más cerca de su actual labor como asesora de imagen, especialista en estilismo y belleza y personal shopper. Todas ellas empezaron de forma casual y se encontraron al cabo de un tiempo con que sus post y sus imágenes o vídeos habían enganchado con un número suficiente de seguidores como para plantearse un cambio de vida. Y todas ellas dieron un salto que requirió coraje, pero que también las ha llenado de satisfacciones.

El momento de la elección

Es sabido que Isabel Llano, Isasaweis, empezó colgando hace diez años un vídeo mostrando cómo hacerse un moño con unos calcetines y pronto se vio envuelta en un torbellino mediático que incluía la televisión y comprometía varios vídeos diarios. Se dio cuenta de que no solo era incompatible con su trabajo como profesora de Enseñanza Media, sino que la elección estaba clara. «Me dije: "Yo me tengo que dedicar esto, me quiero arriesgar". Es verdad que si lo hace un hijo, me mato», ha confesado. Lo mismo Carmen Osorio: «Al principio no es un trabajo; le vas a tener que dedicar un tiempo al margen de tu trabajo». Cuando la cosa llega a un extremo en el que «son tres horas al día en Instagram solo para contestar mensajes privados» hay que empezar a plantearse elegir.

María Barcia, por su parte, se inició en las redes durante la convalecencia de una enfermedad, emprendiendo un camino «difícil, muy lento, en el que puedes pasar años sin ganar dinero»; y María García era completamente ajena e incluso reticente a todo este mundo antes de que su madre se hiciese seguidora precisamente de Isasaweis y «en un día» montase su propio blog. Decidió imitar a su madre y montó un blog que en principio era solo «un regalo por cumpleaños para Rubén», su pareja y socio en la agencia de viajes. «El blog estuvo oculto casi dos años hasta que se me salió de madre y creé una cuenta de Facebook. No me gustaban las redes sociales y hoy día nos dan de comer».

Isasaweis adelanta que para llegar a ese punto en el competitivo y sobreexpuesto universo de las redes «hay que ser bastante fuerte mentalmente y tener mucha capacidad de trabajo, sobre todo para personas más jovencitas». Su consejo de entrada: «Tú primero estudia y luego dedícate a abrir redes». Pero, dicho esto, admite que hay en esos canales «una oportunidad de negocio buenísima». «En todo aquello a lo que te quieras dedicar te puedes apoyar en las redes sociales, te pueden dar mucha visibiidad si te lo trabajas y la oportunidad de llegar a muchísima más gente, de recibir sinergias, de conocer a gente, de apoyarte y de tener colaboraciones a las que no vas a llegar encerrado en tus diez metros cuadrados». Unas posibilidades que se pueden reforzar -aunque con mucho criterio, según todas las influencers- apoyándose en marcas: «Aceptar colaboraciones te permite dejar eso y dedicación exclusiva», admite Carmen Osoro, que también advierte que «todo esto es muy motivador pero es un trabajo duro; está la parte que no se ve: no te permite desonectar del mundo Todo el día trabajando para que se vea un poquito».

Con todo, dar el paso a la profesionalización no les ha resultado, en general, fácil. Especialmente para María García: «No fue una buena experiencia. Para llegar adonde estoy tuve que dejarlo todo y replantearme mi vida. Le tienes que dedicar muchísimo tiempo de tu vida. Trabajaba 12 horas al día, y al llegar a casa a las 7 tenía que empezar mi segundo trabajo, muchas veces no remunerado aunque te diese satisfacción». Un accidente de tráfico bajo el estrés y un ataque de ansiedad hace un año fueron el límite. Escogió su plan B -«cambiar la vida hacia aquello que te produce satisfacción personal»- y conectó su blog definitivamente a la agencia de viajes que gestiona junto a su pareja. «Seis meses después puedo decir que tengo un nivel de satisfacción personal que me ha compensado. Recompensa, y mucho». asegura.

Ventajas y contrapartidas

Carmen Osorio valora en términos muy parecidos una decisión que en su caso aportó «flexibilidad laboral para trabajar desde casa y al tiempo poder ser madre», así como la libertad que otorga «ser tu propio jefe». A Isasaweis le «apasiona» su trabajo y le ve «ventajas, todas». Siempre, claro, que el potencial influencer sea muy consciente de las contrapartidas de tanta flexibilidad e independencia. La primera de ellas, su casi absoluta disponibilidad para el trabajo: «Si quieres que sea profesional, tienes que dedicarle a esto de 8 a 10 horas diarias», anticipa. Y luego hace una pausa, se ríe y rectifica: «Ja: utopía. En realidad, es todo el día trabajando». Tanto ella como Carmen Osoro hablan de «un arma de doble filo» en el hecho de trabajar en casa: un escenario laboral que permite conciliar pero que no tiene persianas ni horarios, fines de semana incluidos.

También son ellas dos las que ponen especial énfasis en otro lado negativo que los jóvenes aspirantes a compartir los púlpitos de la influencia en redes tienen que considerar: la sobreexposición y las críticas. «Estás siempre en el punto de mira, la gente es injusta a veces, quieres dar explicación a todo y no puedes. Mi actitud ante eso es decir a la gente: "Esta es mi casa, yo te invito gratis a que vengas, pero no me la destroces. Puedes salir"». Aunque el mensaje solo funciona para quien quiere escucharlo: «Hay cierta crispación y la gente te dice cosas que no se atrevería a decirte nunca a la cara. Hacer nuestro trabajo lo mejor posible y ofrecer contenido; un poquito de respeto».

Isabel Llano ha llegado un punto en el que ve todo esto con mucha distancia: «No me afecta para nada, me hace hasta gracia. Solo se ve de nuestra profesión una parte muy pequeñita. Lo puedo entender aunque no lo comparta: tienes trabajo que no te gusta, te levantas a las 6 de la mañana, tienes que aguantar al jefe. Luego abres, ves mi foto y dices que estoy más gorda o más vieja o lo que sea y sales. No me parece justificable pero lo puedo entender», relata. María García, por su parte, puntualiza que «expones lo que quieres exponer» pero también asume que «tienes más éxito cuanto más expones». Un equilibrio a veces complicado que «asumes poco a poco».

Algo más que estar en redes

Aun así, animan sin duda a dar el salto a esta variante del trabajo como autónomo. Carmen Osorio constata que «hay muchas mujeres que han dejado sus trabajos y han montado sus pequeñas tiendecitas y encontrado en las redes sociales una forma de vender». «El teletrabajo facilita y tenemos que apostar por él», recomienda. Lo que está claro es que las redes por sí solas no son la panacea laboral: «Instagram o cualquier otra red son un gran escaparate, pero vivir exclusivamente de una red social me parece imposible. Nosotros utilizamos el blog como escaparate para nuestra agencia de viajes, que un poco particular», asegura María García, que hace otra puntualización sobre la profesionalidad del blogger o influencer: «No es de un día para otro. El que lo haga con artimaña, puede que vea al principio que se traduce en números, pero esos números no llevan a nada por sí solos».

Como prueba de que hay algo que meter en las redes para que pesquen beneficios profesionales, citan algunos de sus proyectos recientes o en ciernes. María García y su agencia han empezado a montar viajes con algunos de sus seguidores en escapadas para un máximo de 12 personas, a las que, cerrando el círculo de las relaciones por internet, se les ha sumado un antiguo seguidor colombiano de 82 años: todo un ejemplo del impacto de esta forma de contacto humano. Isasaweis va a por su décimo libro de cocina, remata una novela, anda con un cuento entre manos, recuperará su columna y tiene proyectos en tele y radio y Carmen Osorio trabaja en un libro sobre «la experiencia negativa de la maternidad, la cara B».

La vida irreal

¿Y cómo ven, al margen de estos aspectos estrictamente profesionales, la vertiente más humana, la responsabilidad ante la influencia que precisamente se ha convertido en su forma de ganarse la vida? «Soy una persona positiva, muy de animarme, de tirar p'alante. Muestro lo bueno y lo malo. No soy virtuosa, soy muy modesta: si lo hago yo, lo puede hacer cualquiera. Y creo que la gente dice: "Si Isa puede, yo puedo". Quiero influir de esa forma. Hacer bien», explica Isabel Llano. Aunque admite que, en los casos de infuencers mas jóvenes, la cuestión es muy distinta a menudo: «Sí me preocupa un poco decir a las mamás: “Tenéis que hacer algo porque se nos está yendo un poco de las manos”. Muestran una vida un poco utópica, muy aspiracional, eso de ser guapa, rica, maja… pero no es real».

Carmen Osorio llega a decir que, en realidad, no le gusta el término influencer en este sentido. «Soy una periodista, estoy generando contenido desde mi propio canal. A los jóvenes les diría que no se dejen obnubiliar por cualquier personaje. Su vida no es real, es una parte que se inventan y luego tienen otra completamente distinta. Hay que conocer a la gente a la que sigues para saber si te dejas influenciar o no. Hay gente que aporta y gente que no; de todo como en todas las profesiones».

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