«Pedalear por Gijón es como caminar y encima llegas mejor a los sitios»

Puri Torre, a sus 64 años, utiliza la bici para sus desplazamientos cotidianos desde que le regalaron la primera con 14 años: «Siéntame bien y nunca he tenido miedo»

Puri Torre, en la plazuela de San Miguel
Puri Torre, en la plazuela de San Miguel

Gijon

A Puri Torre le regalaron su primera bicicleta con 14 años. «Creo que quien me enseñó fue mi padre. Tanto él como mi madre andaban en bicicleta, claro. Mi madre, de hecho, usaba mi bici para hacer los recados. No teníamos coche y había que ir hasta El Berrón», recuerda esta asturiana que nació hace 64 años en Xixún (El Berrón) y que, desde los 16 años, reside en Gijón.  Su abuelo, que era minero, también iba en bici a trabajar al pozo Pumarabule, en Carbayín, desde Valdesoto. A Torre, pionera sin duda de la movilidad sostenible que se impulsa en las ciudades, moverse en bicicleta le venía de familia y no ha dejado de hacerlo desde entonces para ir al trabajo cuando no lo tenía cerca de su casa, para ir a la compra -antes con las bolsas en el manillar, más tarde con una cesta y ahora con mochila-, a la playa, a hacer recados, a hacer ejercicio o para cualquier otra cosa.

Puri Torre, cuando era una adolescente, con su primera bicicleta
Puri Torre, cuando era una adolescente, con su primera bicicleta

«Cuando vivíamos en Xixún iba con la bici por la carretera a ver a las amigas que vivían en otros puenbos y, al empezar a trabajar mi padre en Ensidesa, me la traje para Gijón», explica. Moverse con su bici por la ciudad, en la que recuerda que de aquélla había muchos menos coches, nunca le causó miedo alguno. «Antes, no se podía ir por las aceras (ahora la normativa tampoco lo permite) porque eran muy estrechas y, como no había tantas bicis, pasaban más desapercibidas. A mí me conocían por la bici, de pasar siempre en bici. Los fines de semana además iba a Perlora, a Peón o a Avilés, porque me gustaba mucho la carretera», dice, considerando que hoy hay más tolerancia con las bicicletas en las calles.

Llevaba a sus hijas en bici al médico o a la piscina de la Laboral

«En Gijón andaba sola, aunque tenía una amiga que también utilizaba la bicicleta pero no le gustaba salir por carretera», indica. Incluso cuando se casó y tuvo a sus dos hijas, siguió desplazándose en bicicleta dentro y fuera de la ciudad. «Hasta que no aprendieron a andar en bici no las llevé conmigo, pero fue enseguida». Cada una en la suya, porque de aquélla no había sillas infantiles para acoplar a la bicicleta.

Las llevaba, por ejemplo, al médico. «Teníamos coche, pero íbamos en bici. La pequeña me preguntaba: ‘¿Por qué no vamos en coche, mamá?’ Y yo le decía que no, que vamos en bici, que es mucho más guapo. Y todas las amigas, viendo la aventura que era andar en bici, querían ir con nosotras».

Incluso las tres se iban juntas, cuando las niñas tenían siete y ocho años, a la piscina de la Laboral para que aprendiesen a nadar. «La carretera era terrible -recuerda Torre-, no había autovía ni aceras y ni mucho menos un carril bici como ahora. Recuerdo que el día de la Caja de Ahorros en la Feria de Muestras, que había muchísimos autocares, íbamos a la piscina y las bicis de las niñas se movían cada vez que pasaban los autobuses. Pero nunca tuvimos miedo. Íbamos despacio». Sus hijas, cómo no, siguen utilizando la bici.

No obvia que sí, que en estos 50 años moviéndose en bicicleta, ha tenido alguna caída que otra, alguna bastante aparatosa. «Pero nunca he tenido miedo. A veces ríñenme, pero a mí andar en bici siéntame bien. Me gusta. Estoy contenta en ella. Por ejemplo, en una senda, hay una diferencia enorme entre hacerla caminando o hacerla en bici. Andando te aburres, si la haces en bici, la gozas».

«¿Cómo vas a ir al baile en bici?»

Su pareja actual, Juan Muixi, que también es un apasionado de la bicicleta, añade que además a Torre le gusta coger velocidad. Ambos son socios de Asturies conBici desde hace 15 años. Torre también participa como voluntaria en las bicicletas de 30 Días en Bici y aprovecha estos días de abril para asistir a alguna de las actividades. «Me enteré por Juan de que podía subir la bici al tren, antes solo iba a los sitios pedaleando», recuerda Torre, que desde entonces ha hecho innumerables rutas y viajes cicloturistas. «Hasta entonces, cuando salía los domingos a hacer kilómetros, siempre iba sola y nunca nadie se metió conmigo. Y, aunque anduviera sola, no me encontraba para nada sola», asegura.

La ciclista, en una de sus salidas por carretera
La ciclista, en una de sus salidas por carretera

Durante un tiempo tuvo un kiosco en Viesques en el que trabajaba hasta las ocho de la tarde. «Al salir me iba hasta La Providencia para hacer algo de ejercicio. Nunca quise dejar la bici, como se hacía antes a los 40 años o así. A mí me daba la vida. Era como una salvación», recuerda. «Con 45 años, cuando me separé, iba al baile en bicicleta. Desde Viesques a La Calzada. Volvía de madrugada para casa. ‘¿Pero cómo vas a ir al baile en bici?’, me decían», relata, entre risas. «Tenía coche, un Panda, pero mucho mejor en bici».

Por todo ello, desplazarse en bicicleta por Gijón es algo a lo que está tan acostumbrada que no es consciente de que es una mujer adelantada a su época. «A veces en vez de comer en casa incluso nos vamos hasta el Arbeyal con la comida. Pedalear por Gijón es como caminar y encima llegas mejor a los sitios. Hay gente que no quiere por los coches, que te ven y te dicen ‘¡ay, qué suerte, si yo pudiera también andar en bici’, pero no se animan… Y es como dar un paseo andando pero cansas menos que caminando», asegura.

Aquella primera bicicleta se la robaron cuando tenía unos 30 años y, en la actualidad, tiene cuatro: «la de los recados», que está justo a la entrada de su casa lista para salir en cualquier momento; una de carretera, otra de paseo y una de montaña. Este verano se jubila y ya está pensando destinos en bicicleta. «A mí la bici me satisface tanto en ciudad como en carretera como en las vías verdes». 

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