La Caverna gijonesa

GIJÓN

Varios manifestantes, entre ellos dos jóvenes envueltas en una bandera LGTBIQ, en el Campo Valdés
Varios manifestantes, entre ellos dos jóvenes envueltas en una bandera LGTBIQ, en el Campo Valdés

21 jun 2019 . Actualizado a las 05:00 h.

Anda estos días revuelta la derecha gijonesa. La nueva alcaldesa anuncia que no acudirá a la bendición de las aguas de la bahía porque entiende que el ayuntamiento debe ser laico. Y como si les hubieran herido en lo más hondo de sus intimas partes han reaccionado todos a una abalanzándose sobre la presa que invade la finca de su propiedad.

Tiene malos actores la Caverna en estas lides. El teatro es cultura y en esto la Caverna gasta poco. Actores que convenzan, que atraigan, que apasionen y seduzcan a la clientela y terminen comprando la mercancía. Que de eso se trata.

Y es que, reconozcámoslo, es una mercancía cada día más difícil de vender. Es vieja, pasada de moda y no se adecua a los tiempos que vivimos. Porque tratar de vender las creencias religiosas católicas en la España de hoy, en el Gijón de hoy, resulta harto difícil. Todas esas cosas que forman la parte visible de la mercancía: La negación del aborto, la condena de los anticonceptivos, la negación de la violencia de género como producto del machismo rampante, los privilegios de no pagar el IBI, las inmatriculaciones, la cuota sustraída del IRPF, la pederastia, los 11.000 millones que anualmente les entrega el Estado etc. etc. Constituyen un serio inconveniente para la venta de los santos, las devociones, las bendiciones, los rosarios y los escapularios. Y más cuando la ciudadanía ha decidido masivamente caminar por otros mundos que sin duda le resultan mucho más abiertos, gratificantes y liberadores, secularizándose a marchas forzadas en un proceso que muy a pesar de la Caverna y sus malos actores no tiene marcha atrás y no lo pueden impedir. Es un hecho evidente: Tienen las tiendas vacías