«Al rodar en las cuencas me enfrenté con una pérdida de conciencia de clase que no esperaba»

La cineasta asturiana Elisa Cepedal se aproxima a los últimos años de la minería en el filme El trabajo, o a quién le pertenece el mundo, que compite en la sección oficial del FICX

La cineasta asturiana Elisa Cepedal, en el CCAI de Gijón
La cineasta asturiana Elisa Cepedal, en el CCAI de Gijón

Gijon

La cineasta asturiana Elisa Cepedal (Barredos, 1982), afincada en Londres desde 2005, salda con El trabajo, o a quién pertenece el mundo una deuda que tenía pendiente con sus orígenes: «Quería contar la historia del lugar del que provengo antes de que se cerrasen las minas». Con su debut en la dirección de largometrajes, tras una destacada obra corta que fue protagonista de uno de los focos del Festival Internacional de Cine de Gijón (FICX) de 2017, Cepedal refleja estos últimos años de la minería asturiana y entra en la sección oficial del certamen gijonés. Mañana, domingo, la película se proyectará en el Festival Márgenes de Madrid, en la sección Escáner, centrada en el panorama del cine independiente de España.

-Ha titulado su primer largometraje El trabajo, o a quién le pertenece el mundo. ¿A quién le pertenece?

-A los trabajadores no, desde luego. El título viene sobre todo por la lucha obrera en Asturias y específicamente en la cuenca obrera, que es lo que yo siempre conocí. Cómo los trabajadores, a través de la solidaridad propia y del movimiento obrero, intentaron apropiarse de sus condiciones de trabajo y seguir luchando por las mejoras laborales. Lo que ocurre es que ahora somos testigos del fin de esa industria y, con ello, también del movimiento obrero en Asturias como lo conocíamos.

-Un fin, al menos el de la industria del carbón, anunciado desde hace décadas…

-Claro, son muchos años ya de desindustrialización y de planes de cierre. Por ejemplo, en Reino Unido, cuando cerraron las minas, lo hicieron de golpe en 1984. Aquello supuso un shock tremendo para el movimiento obrero, en Asturias también pero fue muy progresivo y completamente distinto a como se fue cerrando allá. Ya son muchos años de lucha, pero también de agonía.

-¿Qué aporta su película al relato de ese final de la minería asturiana?

-Me quería fijar en estos últimos años de industria del carbón, después de la última huelga minera del 2012. Sentía que tenía que retomar la historia desde allí, porque esa historia ya estaba muy bien contada en la película de Marcos Merino, Remine, y para mí era importante contar la historia del después. Qué es lo que ocurre después de esa gran huelga hasta el cierre de los pozos. Pero, claro, con lo que yo me encuentro es que no hay grandes eventos en la cuenca minera ni en Asturias con lo que viene siendo el movimiento obrero de los mineros. Me encontré con un colectivo ya muy desmovilizado y me tuve que fijar en la cotidianeidad de la vida en la cuenca que, por otro lado, es algo que siempre me ha interesado. Y así quedó reflejado en los cortos anteriores en los que, aunque hayan sido de ficción, me interesó siempre explotar esa cotidianeidad de la vida.

-Usted nació en Barredos. Pasó su infancia, su adolescencia, en las cuencas mineras, y se encontró con una realidad diferente a la que recordaba…

-Tenía una visión de la niñez y de la adolescencia, de haber vivido huelgas mineras, y cuando me puse a concebir la película lo hice desde Londres. Empecé a hacer bastante investigación histórica sobre el movimiento obrero en Asturias y en las cuencas. Descubrí cosas que no conocía y, cuando me vine ya a Asturias a pasar un tiempo para entrar en contacto con la gente, con los mineros, me enfrenté con la idealización que yo tenía de este movimiento. Te enfrentas con una realidad que igual no es la que tú te esperabas y me encontré con un colectivo muy desmovilizado. Por eso, era fundamental reflejar en la película esa pérdida de conciencia de clase. Capturar esa idea, o al menos yo siempre la tuve en mente durante todo el proceso.

-¿Qué fue lo más complicado de ese proceso creativo?

-Vengo de la ficción, de crear historias en papel, personajes inventados, y de tener muy claro cómo rodaba, con un periodo de montaje muy rápido. Lo más duro con esta película fue enfrentarme con una realidad que existía y no solo existía, sino que según íbamos rodando iba cambiando. Fue un proceso de tener la mente muy abierta y de experimentación en la forma de la no ficción; tuve que encontrar la película en el montaje. En 2017 rodamos algunas cosas, me volví a Londres, empecé a montar y me di cuenta de que tenía materiales muy divergentes entre ellos. Tenía dos películas y encima no me cuadraban. Tuve que volver a Asturias, rodar más cosas, volverme a Londres y meterme otro año en el montaje. El proceso creativo de reescritura de la película según la iba rodando y montando fue lo más complicado, porque es una metodología que yo no había utilizado antes.

-La película se estrenó el pasado martes en el teatro Jovellanos. ¿Cómo sintió la acogida?

--El estreno fue increíble, además de estrenar en sección oficial en el Festival de Cine de Gijón, fue en el teatro Jovellanos. Estaba rodeada de todo el equipo de la película, de todos los mineros y gente de la cuenca que vino. A mí me importaba mucho también escuchar las reacciones que ellos tenían al ver la película. Y la verdad es que fueron muy buenas y me quedé muy contenta.

-En esta 57 edición del FICX coinciden más de una treintena de títulos de factura asturiana. Cine hecho por asturianos, que residen en Asturias o fuera de ella.

-Hay gente que estamos fuera y volvemos y hacemos películas aquí en Asturias, pero también hay unos cuantos cineastas asturianos que no solamente hacen cine en Asturias y sobre Asturias, sino que además viven aquí y están intentando sacar proyectos adelante. Acabamos de asistir a una charla sobre cine asturiano de Ramón Lluís Bande en la que hacía un recorrido sobre una serie de cineastas que llevan haciendo películas en Asturias y sobre Asturias desde el año 2000, y ahí dibuja una tendencia entre muchos de nosotros. Una tendencia muy interesante de cine político, de cine de no ficción. A quienes nos importa hacer cine político, dibujar un colectivo y saber que no estamos solos, que compartimos con compañeros preocupaciones cinematográficas y políticas es importante.

-¿Ya tiene en mente su próximo proyecto?

-No, no puedo tener varios proyectos a la vez. La película la terminamos hace un mes y ahora empezaremos a pensar en la distribución. Cuando llegue a casa respiraré un poco y me pondré a pensar en lo siguiente.

Comentarios

«Al rodar en las cuencas me enfrenté con una pérdida de conciencia de clase que no esperaba»