«El capitalismo está convirtiendo el montañismo en una correa de transmisión de sus valores»

Marcos Gutiérrez GIJÓN

GIJÓN

Pablo Batalla, autor de la obra
Pablo Batalla, autor de la obra

Pablo Batalla presenta hoy en Gijón «La virtud en la montaña» (Ediciones Trea), un ensayo en el que se plantea una nueva forma de concebir el monte, pero también la vida

17 dic 2019 . Actualizado a las 05:00 h.

Hoy a las 20 horas se presenta en la Casa del Libro de Gijón el ensayo de Pablo Batalla Cueto (Gijón, 1987), La virtud en la montaña. Vindicación de un alpinismo lento, ilustrado y anticapitalista (Ediciones Trea). Una obra en la que se busca recobrar la idea de la montaña como un medio para el autoconocimiento y la reflexión, alejado de la competición y la mercantilización a las que nos ha acostumbrado la sociedad moderna.

-¿Cómo surge la idea de escribir «La virtud en la montaña»?

-La semilla fue una constatación que yo fui adquiriendo en vista de lo que estaba sucediendo en mi entorno, que era que los clubes de montaña estaban decayendo completamente, con cada vez menos integrantes, miembros más mayores, más dificultades para garantizar el relevo generacional y, sin embargo, al mismo tiempo había un mundo de carreras de montaña, ultramaratones, trails que estaban en un auge tremendo, doblando inscripciones cada año, dejando gente fuera, teniendo que organizar sorteos para organizar plazas entre un número gigantesco de personas que querían participar… yo veía eso como un cambio de paradigma, no solo del montañismo, sino también relacionado con uno más general, social.

-¿Qué tipo de cambio es ese?

-La crisis de lo colectivo, de cualquier idea de colectividad, fraternidad y su sustitución por formas de subjetivarse y comportarse que tienen que ver con el capitalismo neoliberal y este individualismo competitivo que nos hacen practicar en todos los órdenes de la vida.

-¿Se está convirtiendo el montañismo en un negocio y una competición, perdiendo su esencia de disfrute y observación?

-En gran parte sí. El capitalismo coloniza todos los órdenes de la vida y la sociedad. También lo está haciendo, para convertirlo en un negocio, con el montañismo. Las carreras de montaña las utilizan desde las compañías hidroeléctricas hasta los fabricantes de material de montaña para publicitarse. Pero más que en un negocio, que también, el capitalismo está convirtiendo el montañismo, a través de estas maneras de practicarlo en una correa de transmisión de sus valores, tales como el individualismo, la competición y el consumo.

-¿A qué se refieren esos términos «lento», «ilustrado» y «anticapitalista» asociados a la montaña que se plantean en la obra?

-Lo de lento viene de que una de las características de estos tiempos que corren es una aceleración brutal de todo. Se quiere que seamos cada vez más apresurados, veloces y eficientes en todo lo que hacemos, algo que se traslada también al montañismo. Subir y bajar una montaña en el menor tiempo posible. Frente a eso yo reivindico un montañismo que tiene detrás una tradición larguísima de dos siglos y medio y que buscaba justamente lo contrario, frente a la vorágine de la vida cotidiana buscar en el montañismo un espacio para sentirte relajado, caminar tranquilamente, reflexionar, gozar de las posibilidades estéticas que el montañismo ofrece, de la comida...

-¿De la comida?

-Si. Hay todo un mundo de comida rápida que se traslada también al montañismo. Geles, pastillas, gominolas ultraproteicas que te dan un aporte inmediato de nutrientes, pero que no disfrutas, como antes sí hacías cuando estabas en una cumbre y comías tranquilamente tu tortilla o los filetes que hubieras llevado.

-¿Y cómo se conceptualiza ese montañismo «ilustrado» y «anticapitalista»?

-Ilustrado porque yo reivindico ese montañismo que conozca la tradición de dos siglos y medio de personas que buscaron en el monte un lugar para el aprendizaje, la reflexión e incluso la adquisición de una conciencia política. Pongo como ejemplo a John Ruskin, el gran crítico de arte de la era Victoriana, que era un hombre con una cultura amplísima. Le gustaban mucho los Alpes y allí le llamó la atención, como consignó en sus escritos, la miseria de los campesinos suizos, mal alimentados y afectados de bocio. Él era un humanista, socialista y cristiano que plasmó esa situación en sus escritos. Cuando uno camina tranquilamente y atento a todo lo que hay en la montaña no pierde de vista nada de lo que hay en ella. Cuando uno va corriendo solamente se fija en la letanía del objetivo, de la meta y no repara en nada más. Lo de anticapitalista es por lo que mencionábamos anteriormente, porque los valores del capitalismo son perversos, están acabando con el mundo y también con el montañismo. Yo reivindico que luchen contra estos valores en lugar de asimilarlos.