Antonio Corripio, presidente de la entidad, repasa los planes que marcarán el porvenir de una de las instituciones más representativas de Gijón que se encamina con paso firme y decidido hacia el siglo XXI
18 feb 2020 . Actualizado a las 09:00 h.«El futuro pasa por mejorar los servicios que ofrecemos a nuestros socios». Antonio Corripio Álvarez apura sus últimos meses de mandato como presidente del Real Grupo de Cultura Covadonga con la vista puesta en «tratar de completar el programa por el que recibimos el apoyo mayoritario, cumplir con un proyecto muy amplio y ambicioso del que llevamos cubierto casi el 94%». No es el momento de pensar en una reelección aclara. «Veremos después del verano. La cuestión es la dificultad que tiene todo el trabajo que conlleva. Es un tema que hay que sentarse entre todos y decidir, es un trabajo de toda la Junta».
Pese a ello, el trabajo realizado durante estos tres años apunta al largo plazo. Con una hoja de ruta llamada Plan Director, que no va a reconstruir el Grupo, lo va a reordenar. «La compra de La Torriente ha sido el crecimiento natural de la entidad. Para nosotros es una operación ya culminada, que en ningún caso excederá de lo que aprobó la asamblea, 1.350.000 euros, ese es el precio cerrado, total y único que vamos a pagar». La operación ha reportado un nuevo espacio de 20.000 m2, con el aparcamiento y la zona de entrada. «Hemos solicitado ya todos los permisos al Ayuntamiento para comenzar la tala. El Plan General de Ordenación Urbana los ha descatalogado como jardín protegido, una vez que tengamos la autorización procederemos a la misma, nos hubiera gustado adecuarlo para este verano». La maniobra ha obligado a la reflexión. «Ese es fin del Plan Director, ver qué nuevos usos y qué nuevas instalaciones requiere el Grupo del centenario, afrontar una redistribución adecuada a su crecimiento año a año».
Con cerca de 40.000 socios en su seno, más de 340 trabajadores y una afluencia diaria de 8.000 personas, el presidente rescata uno de sus principales aprendizajes al frente de la institución. «Es imposible agradar a todos, realmente es así porque no todos tenemos las mismas necesidades. Hay que diferenciar las distintas inquietudes de los socios, en función de si hacen o no deporte, si tienen o no hijos, si lo utilizan más como una zona de ocio o de esparcimiento deportivo. Una vez asimilado, tratamos de aplicarlo a cada una de las actuaciones de la Junta directiva».
Una realidad que ha propiciado un profundo estudio que implica a la totalidad de la familia grupista. «Una encuesta interna entre todos los socios, responsables y técnicos de sección que nos dé respuestas respecto a la reordenación de las instalaciones, así como sus usos y servicios». Los resultados marcarán el porvenir. «Se hará un concurso nacional con el Colegio de Arquitectos en busca de un proyecto que acometa todas las necesidades». La magnitud del proyecto deberá estar acompañada de «un plan deportivo y social que estamos ultimando, junto a un plan económico y financiero, cuánto va a costar y cómo lo vamos a pagar. Es un proceso que llevará su tiempo, pero que estará finalizado antes de terminar el mandato». Mirada larga y paso corto.
La senda efectiva hacia el siglo XXI encuentra reflejo en la puesta en marcha del área de diversidad funcional. «Como Junta pensamos que el Grupo debe ser una entidad absolutamente inclusiva, sin ningún tipo de barrera, ni física ni social para cualquiera de nuestros socios. Tenemos más de 60 familias formando parte de este área y 33 deportistas en equipos de la denominada categoría plus que practican hockey y natación. Participan en los Campus, en las excursiones, en toda actividad social, comparten el mismo espacio, sin diferencias. Es la base del Grupo, el fomento de la práctica deportiva a todos los socios. Estoy seguro de que dentro de 10 años el área de diversidad funcional será una de las grandes áreas de las que estaremos más orgullosos, tiene muchísimo recorrido».
Avances y planes de futuro que encuentran reflejo en un área de comunicación que tampoco es ajeno a los nuevos tiempos. «La web está bien, pero lo tecnológico avanza muy rápido y quizá ahora nuestras necesidades sean otras, lo vamos a tratar de compensar con la nueva aplicación para dispositivos móviles. Una app que sea intuitiva, que pueda facilitar a los socios cualquier tipo de acción con el Grupo. Desde reservar una pista, apuntarse a un cursillo o conocer el menú de la cafetería. Estamos avanzando y a finales de este verano esperamos que esté en funcionamiento».
El boceto trazado implica seguir creciendo y ahí entran en juego las dos últimas sedes a disposición de los asociados. «La de Begoña, de gran aceptación, y los terrenos de Mareo, de alta ocupación, pero de forma estacional, entre junio y septiembre. El crecimiento se debe producir dotando de nuevos servicios e instalaciones la sede de Mareo. Pero antes hay que pasar por el Plan Director. El futuro pasa por mejorar los servicios que ofrecemos a nuestros socios, tanto los que se dedican a competir, como los que hacen deporte libre o uso de la zona social». Un propósito claro que lleva directamente a una de las grandes cuestiones que rodean a la entidad, su número de socios y la posibilidad de sumar nuevas altas.
«Lo ideal sería que la próxima Junta directiva que estuviera al frente del Grupo tomara esa decisión», aclara el presidente, que regresa a ese pequeño porcentaje que aún resta para cumplir por completo su programa electoral, los estatutos de la entidad. «Una de las cuestiones que nos gustaría, y que pensamos que es básica por la experiencia acumulada estos años, es que los propios estatutos deberían fijar un número máximo de socios y que esta cifra se regularizara siempre a final de año. Llegado el 31 de diciembre, si hay menos del tope señalado se complementaría a fecha 1 de enero hasta alcanzarlo y si hay más, la lista no se movería. Fórmula que evita que las decisiones de las altas estén en manos de una Junta directiva, si se fija por estatutos se subsanaría este problema».
Los estatutos que rigen el Grupo se mantienen invariables desde el año 2000, «para aquel momento estaban muy bien, pero ahora se han quedado cortos, necesitamos actualizarlos y adaptarlos a la nueva realidad. Es algo que tiene que hacerse de forma ordenada, convocar una comisión, pedir la opinión de los socios, hacer un borrador, someterlo a una aprobación de asamblea. Los plazos mínimos para acometer una renovación de estatutos están en el año o año y medio, apurar para no afrontar esta modificación en perfectas condiciones no nos parece correcto, aunque lo veamos como algo esencial».
El Real Grupo de Cultura Covadonga sigue siendo un referente a nivel nacional. No hay otro club con tal número de secciones, de deportistas federados y que cuente con el respaldo de esa cifra de socios. «Es un emblema de Gijón y, como tal, debe seguir aprendiendo y progresando».