Gijon

A las personas que componemos la plataforma de Un pulmón para el solarón, se nos pide desde tribunas públicas concreción en los proyectos y se nos exige responsabilidad con el uso de los dineros públicos.

Es bueno antes de contestar a estas peticiones, situar la cuestión en su contexto.

Contexto: Plan de vías

Plan de vías es una expresión hueca y sin significado que encubre actuaciones sobre la llegada del ferrocarril a Xixón.

Durante 17 años, las diferentes administraciones públicas han sido incapaces de presentar un proyecto serio, documentado, con objetivos bien formulados y con un calendario realizable. Hoy seguimos sin saber costes, objetivos, plazos o concreciones del proyecto.

Durante esos 17 años se han gastado más de 60 millones de euros en estudios y contra estudios, además de derribar la antigua estación que funcionaba perfectamente y construir una provisional tan mal pensada que ha perdido el 50 % de los pasajeros a lo largo de estos 17 años. Para que nos hagamos una idea, el Escorial tardó 21 años en construirse, la previsión para este plan de vías supera con creces esa cifra.

60 millones de euros gastados al margen del túnel del metro tren. Esa cantidad permitiría pagar el salario mínimo a más de 4.800 personas durante un año. O visto de otra forma, una residencia geriátrica con 120 plazas y centro de día cuesta menos de 10 millones de euros completamente equipada. Es decir, con 60 millones se podrían construir y equipar 720 plazas geriátricas con sus respectivos centros de día.

Contexto: Metro - tren

Esta es una expresión de marketing que encubre una formidable malversación de fondos públicos. Se gastaron casi 140 millones de euros en un agujero que va de ningún sitio a ningún sitio y que nunca formó parte de un proyecto real.

No ha existido nunca en el ministerio una carpeta de proyecto «metro - tren» que marque objetivos y justificación de la obra y que proyecte la obra finalizada.

La obra se finalizó en 2006, hace 13 años, sin que tuviese utilidad alguna, ni esté previsto que la tenga en los próximos 5 años.

Solo como ejemplo del despropósito, este tipo de obras suelen tener previamente diseñadas las estaciones. De esa forma cuando la tuneladora llega al lugar donde va una estación, se realiza el mantenimiento de la máquina y no se colocan las dovelas. En Gijón se colocaron las dovelas todas seguidas, aunque eso suponga gastar dinero luego en romperlas, porque nadie había proyectado las estaciones. Además, las malas previsiones y los problemas de mantenimiento hicieron que las obras durasen tres años para un túnel que por longitud y dificultad debería haberse hecho en mucho menos tiempo.

Contexto: Otras obras públicas en Asturias.

Cuando tratamos de entender el futuro del plan de vías, miramos a nuestro alrededor para ver qué cosas han hecho las administraciones públicas implicadas.

Así vemos que el puerto del Musel, el Muselón, tuvo unos sobrecostes de tal cuantía que se podría haber construido un nuevo hospital central para Asturias con ellos. Y vemos que no hay incremento de tráficos ni beneficio alguno para la ciudad a pesar del desmesurado gasto que supuso.

Si hablamos de la zona logística, la llamada ZALIA, su coste supuso lo mismo que 1.200 plazas geriátricas, sin que actualmente esté terminada, ni haya previsión alguna de su uso.

El soterramiento de las vías de FEVE en Langreo lleva 10 años de obras. Diez años de convivencia del vecindario con los problemas que supone una obra en ruidos, suciedad y desvíos de tráfico. La previsión es que las obras se acaben en 2023, es decir 14 años después de su comienzo, siendo un tramo más corto y menos complejo que las actuaciones de las que se habla en Gijón. En cuanto a los costes, las obras han duplicado ya el presupuesto inicial y se habla de provisionar más fondos para poder acabarlas.

Todo esto teniendo en cuenta que el estado español debe el 100 % del Producto interior bruto y  Asturias debe 4.600 millones de euros, con los correspondientes costes financieros que conlleva.

Qué hacer con el parque del Tren de la Libertad

Quienes defienden acabar con el parque del Tren de la libertad dicen que son plusvalías. No son plusvalías, es una desamortización. Es la privatización de un espacio público, es la dilapidación del patrimonio para pagar deudas. Es como si vendes la finquina que tu abuela te dejó en el pueblo para ir de vacaciones a Cancún. Eso no es plusvalía. La plusvalía es conseguir un mayor valor de algo que ya tienes. No malvenderlo.

Es decir, se está proponiendo desde las administraciones públicas vender patrimonio público para pagar unas deudas mal adquiridas. Y son mal adquiridas porque de esas deudas no se extrae ningún beneficio para la ciudadanía, sino graves perjuicios.

Al mismo tiempo la propuesta consiste en gastar más dinero público, casi 4 millones, es decir el salario mínimo anual de 294 personas, en destrozar el parque para parcelarlo y ponerlo a la venta en la esperanza que alguien lo comprará. Y ahí nos surgen las dudas, si finalmente se vende, ¿se obligará a construir en un plazo marcado o podrá estar la parcela en barbecho 20 años esperando los beneficios de la especulación inmobiliaria? ¿Qué pasaría si no se venden las parcelas o si la oferta es irrisoria? ¿Qué hacemos con ellas?

Supongamos que el cuento de la lechera se hace realidad y se venden las parcelas y quedan para las arcas públicas unos 30 millones de euros, es decir, casi un tercio de los sobrecostes previstos en el soterramiento de Langreo. La pregunta que se nos hace recurrentemente a la plataforma es de dónde sacamos ese dinero si no se vende. La cuestión es que en estos momentos las cifras bailan entre 840 millones de euros y 1.000 millones de euros en la ejecución del plan de vías. Es decir, el nivel de incertidumbre sobre el coste es aproximadamente 5 veces el dinero que se va a obtener de la venta de las parcelas. ¿No es posible mejorar ese proyecto para obtener un ahorro equivalente a esos 30 millones sin necesidad de tocar el parque?

Al mismo tiempo se pide a la plataforma qué defina el futuro parque. Eso no podemos ni debemos hacerlo. Las administraciones públicas son quienes tienen la potestad, el deber y la responsabilidad de definir dónde va la estación intermodal y a partir de ese hito, fundamental para la movilidad de Gijón, presentar un proyecto de todo el entorno. Que las administraciones que son responsables de todas las barbaridades descritas en este artículo nos pidan a la ciudadanía proyectos y costes, resulta risible.

Somos la ciudadanía quienes exigimos planos y presupuestos. Debidamente justificados. Con eso pensemos como sociedad, desde la necesaria participación democrática, qué queremos hacer con el Parque del Tren de la Libertad. En la plataforma Un pulmón para el solarón pensamos que en medio de la emergencia climática que vivimos no son necesarias más viviendas y sí son necesarios más parques. Debatamos sobre ello, pero con planos y presupuestos, sin soberbia y sin dar las cosas por sentadas.

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Queremos números y planos