Poesía para tiempos oscuros

La gijonesa Dalia Alonso, ganadora del premio al mejor poema del mundo de la editorial Nobel, reivindica el valor de la cultura frente a la desesperanza

Dalia Alonso
Dalia Alonso

Gijón

En tiempos oscuros como en los que está sumida actualmente la sociedad, cualquier vía de escape o inyección de esperanza supone un mundo. La literatura y la poesía crean universos a los que se puede escapar, incluso en días de confinamiento. El 21 de marzo se conocía que la editorial Nobel concedía su premio al mejor poema a Arrugas, de la gijonesa Dalia Alonso (1996). Esta filóloga clásica realiza actualmente estudios de posgrado sobre literatura griega y ha participado en publicaciones como las revistas Maremágnum, Estación Poesía y Anáfora, y en antologías como Voces Nuevas (Torremozas, 2018) y Vive la voz (Círculo Cultural de Valdediós, 2018). Próximamente algunos de sus poemas verán la luz en la antología Los últimos del XX, publicada por la editorial Luna de Abajo. En solitario, ha publicado Safo y Alfonsina en el acantilado (Heracles y nosotros, 2017).

«La verdad es que ni me acordaba del premio. Lo mandé en octubre. Entre eso y que con este mes de marzo parece que hayan pasado diez años no me lo esperaba para nada», explica. En tiempos grises e inciertos como los que vivimos actualmente destaca que «las circunstancias le han dado al premio todavía más valor». «El otro día la noticia del premio salió en un informativo y fue la única pieza no relacionada con el coronavirus», destaca. «Mi familia decía que por fin llegaba una buena noticia», añade.

Se decidió a enviar su poema a Nobel, «porque es una editorial de aquí y me parecía una buena oportunidad». La autora empezó a escribir de manera más «seria» en los años de la carrera, si bien ya lo hacía «desde pequeña». En el poema se describen los últimos instantes de vida del emperador Augusto. Arrugas se editará en un libro junto a los otros 30 finalistas seleccionados por el jurado. «Antes me había centrado en la prosa, pero la poesía me comenzó a interesar en el bachillerato. Ya durante la carrera de Filología, que conocí a unos amigos que llevan ahora la editorial  Maremágnum, me lo empecé a tomar un poquito más en serio», expone.

Homero, Esquilo, Safo, Gil de Biedma o Miguel Hernández son algunos de sus referentes. Para cuando las nubes se despejen y se pueda volver a hacer una vida relativamente normal sus proyectos pasan por «publicar en revistas. A finales de año, antes de que empezara todo esto, iba a participar en una antología de la editorial Luna sobre poetas nacidos a finales del XX»

Preparando un cuento ilustrado con Paula de la Fuente y «ahora en proceso de mandar a concursos un libro de poesía al que quiero dar algunas vueltas». Considera que si en estas circunstancias se puede extraer una verdad, esa es que «se está demostrando que sin literatura y sin cultura no podríamos vivir». «También trabajo en teatro y música, osea que espero que una vez que esto pase la cultura sea algo que se valore más».

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