Carlos Bardem: «Hay que aprender de las atrocidades del pasado para no ser cómplice de las del presente»

El escritor, guionista e intérprete trae a la Semana Negra su novela Mongo Blanco, la historia de uno de los mayores esclavistas del XIX que trata de comprender a «un monstruo» sin justificarlo

Ángel de la Calle y Carlos Bardem en la Semana Negra
Ángel de la Calle y Carlos Bardem en la Semana Negra

Gijón

El escritor, guionista y actor Carlos Bardem cree que con Mongo Blanco (Plaza & Janés, 2019), la novela sobre la vida de Pedro Blanco, uno de los mayores tratantes de esclavos del XIX, ha escrito el libro de aventuras que le hubiera gustado leer. Una obra que trata de acercarse a la figura de alguien que «objetivamente es un monstruo», sin justificar sus actos, pero tratando de hacer su figura atractiva para el lector.

Ángel de la Calle, director de la Semana Negra, cree que Bardem ha construido «un personaje que engancha», dentro de «una novela que va a permanecer en el tiempo». Durante un encuentro, el escritor e intérprete ha reconocido que se comenzó a documentar en la figura del negrero malagueño, precisamente por lo poco que había trascendido su figura. «¿Cómo puede ser que nunca hubiera oído hablar de este tipo?», se cuestionó. En este sentido, considera que «alguien desde el poder decidió en su momento que no se debía conocer la participación española en la trata de esclavos».

Destaca que, cuando una conversación versa sobre la trata de personas, «siempre se piensa en Kunta Kinte, 12 años de esclavitud, Alabama…», cuando, por ejemplo, «los cañaverales y plantaciones de azúcar de Cuba y Puerto Rico, especialmente en el XVIII y XIX, eran propiedad de esclavistas y surtidas por negreros españoles en ambos casos». No en vano, «el esclavismo, sobre todo en el XVIII y el XIX, era el gran negocio de la época».

Y es que «oficialmente 12 millones de africanos secuestrados fueron sacados de su hogar y vendidos». En esta línea, considera que movimientos como el del Black Lives Matter y las protestas por el racismo en EEUU y a lo largo del globo se justifican por una herida y una deuda histórica que aún no hemos logrado saldar como sociedad, pues «es imposible que el esclavismo no haya dejado cicatriz».

Conectando con la novela, su autor destaca que « Pedro Blanco era objetivamente un monstruo, pero a la vez también un gran marino», en el sentido de que en muchas ocasiones personajes censurables como ellos «son creados por un sistema que los necesita para realizarse».

«Pedro Blanco era excepcionalmente bueno en lo que hacía, lo que ocurre es que lo que hacía era una atrocidad», añade. Insiste en el hecho de que, en la época, «desde María Cristina de Borbón y el Arzobispo de Toledo hasta el último bodeguero con unos ahorros, todos eran partícipes» en la trata y tráfico de esclavos, más allá del relato oficial que tiende a sostener que en España fue un fenómeno menor. «La literatura es poner un espejo delante de la sociedad», explica. Cree firmemente que, como en el caso de Pedro Blanco, «comprender al monstruo no es justificarlo», ya que «hay que aprender de las atrocidades del pasado para no ser cómplice de las del presente».

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