Ante el repunte de avisos por avistamientos en las calles, Emulsa prueba un sistema de detección electrónico en las alcantarillas como alternativa a las trampas de veneno
21 ago 2020 . Actualizado a las 05:00 h.Hasta un 40% más de avisos por presencia de roedores en las calles de Gijón se llegaron a registrar durante los meses siguientes al confinamiento por la pandemia de coronavirus. Aunque las ratas no fueron los únicos animales que, como quien dice, cogieron confianza cuando todo se paralizó, sí han incrementado su presencia por la ciudad en busca de alimento en lugares en los que no solían verse habitualmente. A ello se suma que el verano es la época del año en la que alcanzan su pico de reproducción y, además, que su proliferación actual, según los expertos, es uno de los efectos del cambio climático.
Están teniendo más camadas al año por el incremento de las temperaturas y por la mudanza de su periodo de hibernación. Hasta ahora tenían entre dos y ocho camadas de seis a 14 crías por año, pero ya se calcula que estas cifras podrían estar aumentando. La Empresa Municipal de Servicios del Medio Ambiente Urbano de Gijón (Emulsa), que en lo que va de año ya ha recibido más de medio centenar de avisos -solo en julio fueron 133- por parte de la ciudadanía, hizo una consulta al mercado para que empresas especializadas enviasen propuestas técnicas y económicas con nuevos sistemas de control de esta plaga como alternativa a las trampas de veneno.
Desde hace unas semanas, ya se está testeando un sistema de detección y eliminación que se coloca, mediante dispositivos electrónicos, en conductos de saneamiento de tamaño medio. Este sistema, que de forma automática detecta por movimiento la presencia de ratas y las elimina de un golpe, se utilizará hasta finales de año en periodo de pruebas para controlar la cantidad de roedores que habitan en esos sumideros y, si los resultados son satisfactorios, se alquilarán varios de estos equipos.
En todo caso, en los últimos meses, Emulsa ha reforzado de uno a cuatro los equipos de desratización que se dedican a dar respuesta a los avisos de presencia de ratas y a mantener los cebos con raticida que se colocan siempre en zonas de saneamiento de viales públicos. Esos cebos se sitúan en lugares en los que no puedan acceder ni niños ni mascotas y, en todo caso, cada dosis es lo suficientemente pequeña para no afectar nada más que a las ratas.
Cada año se colocan y se mantienen una media de 1.200 trampas, con una media de 1,8 toneladas de raticida, repartidas por todos los barrios de la ciudad. El nuevo sistema, si da resultado, permitirá conocer el número de ratas exterminadas, algo de lo que no hay estadísticas en la actualidad porque cuando están débiles buscan refugio y suelen morir en madrigueras o zonas apartadas.
En Gijón, el roedor más problemático es la rata común o de alcantarilla, que puede llegar a medir hasta 30 centímetros y pesar hasta medio kilo. Como necesitan agua cerca de su hábitat, las trampas se colocan en los sistemas de alcantarillado, aunque también pueden encontrarse -y así lo han advertido en algunos barrios- en zonas subterráneas como garages. Comen de todo, incluso papel, estaño, madera, plástico o plomo, y tienen una alta capacidad de adaptación, con una fertilidad tan alta -una pareja puede generar más de 100 crías en un año- que la especie se recupera rápido de cualquier mortandad.