Gijon

La playa de San Lorenzo siempre ha sido el mayor patrimonio natural de Gijón y, hace casi un siglo, cuando la ciudad no llegaba ni a los 80.000 habitantes, ya era el lugar de encuentro multitudinario para gijoneses y visitantes durante los meses veraniegos. Multitudinario en el sentido más literal de la palabra. Nada que ver con este verano atípico. En la playa, entonces, estaba permitido colocar sillas para hacer tertulia o disfrutar de la brisa del mar.  Y se juntaban multitudes en torno a la Escalerona, los balnearios a pie de playa y el Muro de San Lorenzo.

Siempre vestidos como mandaba la época, pero también se disfrutaba de los baños de mar y sol en bañador. Así lo muestran las fotografías realizadas por Constantino Suárez (1899-1983), el mejor cronista gráfico que ha tenido la ciudad en el periodo comprendido entre 1920 y 1937 con los más de 8.000 negativos que atesora el Muséu del Pueblu d’Asturies.

Las imágenes que acompañan estas líneas, inéditas, forman parte de los álbumes y los portafolios veraniegos que el fotógrafo realizó entre 1932 y 1934 en la playa y el muro de San Lorenzo. Sus álbumes personales, en los que colocaba los positivos que más le habían gustado y que ya han sido digitalizados tras haber sido depositados por la Cámara de Comercio de Gijón en el Pueblu d’Asturies.

Suárez, que con 14 años había ingresado como aprendiz en un estudio fotográfico y trabajó como reportero gráfico para la prensa asturiana y madrileña, publicó también numerosas fotografías de la playa en revistas de la época como Asturias Verano, Gijón Veraniego y Deporte y Turismo Astur, entre otras. En su mayoría, son escenas cotidianas y retratos individuales o de grupos de bañistas.

«La producción de Constantino Suárez es tan amplia que podríamos imaginar que era una de esas figuras que, cámara en mano, ofrecían cotidianamente a los bañistas sus servicios fotográficos. Es decir, uno de esos profesionales que hacían su temporada en la playa, siguiendo una especialidad que se había iniciado en la primera década del siglo y cuyo ejercicio se prolongará hasta bien estados los años 70», escribe Francisco Crabiffosse Cuesta en Constantino Suárez. Fotógrafo. 1920-1937, el libro que repasa su trayectoria y obra.

Pero no, Suárez no era uno de esos fotógrafos, sino que tenía un interés especial por los motivos playeros, por el paisaje, el mar, el paseo, las tertulias, las casetas, los toldos y todas las actividades que ya entonces se desarrollaban en la playa de San Lorenzo, en un ambiente distendido y propio de una ciudad playera como Gijón. Las imágenes, por ejemplo, muestran la afición que existía por practicar piragüismo o los partidos de waterpolo que se jugaban entonces.

«Los aires de libertad que los años 20 habían anunciado y hecho realidad, en gran medida, se prolongaron en los años 30. El culto al cuerpo y las modas que, gracias a la prensa ilustrada introducían estrellas de cine y vedettes europeas y americanas con sus trajes de baño y poses insinuantes, fueron seguidos con mayor o menor fortuna por la juventud gijonesa y Suárez dejará constancia de esa liberación de las costumbres en un amplio conjunto de retratos que muestran la complicidad entre modelo y fotógrafo», explica Cabriffose en la publicación sobre el fotógrafo.

Su afición por este tipo de retratos y escenas de la playa, añade, motivó que Suárez, «traspasado por la nostalgia», les dedicara muchas hojas de sus álbumes personales. En el caso de las bañistas, algunas figuras fueron siluetadas, «realzando su impronta y decorando el fondo con dibujos a tinta». Cabriffose explica que «ese interés por el cuerpo femenino se mantendrá con el paso del tiempo, tal como se comprueba en las numerosas fotografías de jóvenes en bikini que realizó a fines de los 60 y durante la década siguiente».

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Los álbumes de verano de Constantino Suárez: así se llenaba la playa de Gijón hace un siglo