Juan Carlos Campo, director de la EPI: «Los exámenes serán en su mayoría presenciales»

«No creo que esta generación sea recordada como la del coronavirus», asegura el catedrático, sobre la entrada de los nuevos ingenieros en el mundo laboral

El director de la Escuela Politécnica de Ingeniería de Gijón, Juan Carlos Campo Rodríguez, en una imagen de archivo
El director de la Escuela Politécnica de Ingeniería de Gijón, Juan Carlos Campo Rodríguez, en una imagen de archivo

Juan Carlos Campo Rodríguez, director de la Escuela Politécnica de Ingeniería de Gijón (EPI) y catedrático de Tecnología Electrónica en la Universidad de Oviedo, protagonizó ayer una conferencia titulada El futuro energético: en clave de sol, dentro del marco de la XX Semana de la Ciencia y la Tecnología de la Universidad de Oviedo, y del ciclo virtual Pensando la ciencia. Además, Campo analiza el futuro que le viene por delante a la EPI, dentro del contexto de la crisis sanitaria a causa del coronavirus.  

-¿El futuro pasa por las energías renovables?

-Hoy en día las fuentes renovables es que son las más baratas. La energía solar junto a la eólica son las dos fuentes de futuro mayoritarias. Ya no solo por criterios puramente medioambientales, sino por los económicos. Cuando se combinan los dos factores ya no se puede pedir más.

-¿Cómo de importante será la energía solar?

-A nivel mundial las proyecciones, estimadas para el 2050, hablan de un reparto algo más favorable hacia la energía eólica, respecto a la solar. El consumo será algo mayor de la eólica. No obstante, serán las dos que se repartan el mercado.

-¿Cómo cree que puede afectar esto al mercado asturiano?

-Estamos viendo que las energías no renovables están perdiendo fuelle. En este sentido, el impacto inmediato está siendo sobre el empleo o la industria. Hay que decir que Asturias no tiene grandes fuentes de energías renovables, es decir, no es la mejor comunidad para el sol ni para el viento. Lo que sí es cierto es que está desarrollando mucha industria para estas energías, sobre todo para la eólica. La industria del metal está desarrollando estructuras tanto para la industria solar como para la eólica. Entonces el futuro pasa por un mercado, no tanto para implantar aquí, sino para producir al sector en infraestructuras.

-En cuanto a los grados que se cursan en la Escuela Politécnica de Ingeniería (EPI), ¿los estudiantes actualmente están trabajando en este ámbito?

-Necesariamente sí, aunque con diversos matices. Este año entró una especialidad sobre energías renovables en el grado de Ingeniería Eléctrica. Pero sí es verdad que las energías renovables abarcan muchos ámbitos. Desde las propias estructuras, que es un tema más bien de ingeniería mecánica. En este aspecto Asturias es muy fuerte y desde el grado se trabaja en ello. También se trabajan en aspectos eléctricos o informáticos, hay de todo.

-¿Qué ha supuesto la obligada reestructuración académica por la pandemia para la EPI?

-El curso pasado esto fue un imprevisto, ahora ya no. Así que en el fondo este curso ya estábamos preparados. Todo el mundo está deseando recuperar la docencia presencial, pero mientras tanto se está funcionando bien. Estamos manteniendo de forma presencial aquello que consideramos inexcusable, como determinadas pruebas de evaluación y algunas prácticas de laboratorio. A pesar de ello, creo que el impacto negativo se está minimizando.

-¿Cómo han llevado el cambio los profesores?

-Tengo que decir que, con mejor o peor acierto, nunca vi al profesorado universitario tan involucrado en la docencia como hasta ahora. Normalmente el profesorado está muy volcado en la investigación, pero la verdad es que han hecho un esfuerzo muy grande, y esto es lo que está contribuyendo a que las cosas funcionen.

 -¿Y los alumnos?

-Igual que la de los profesores. Los alumnos han sido los más perjudicados, sin ninguna duda. En este sentido, la colaboración que han mostrado para que las cosas vayan bien está siendo enorme. Están activos y facilitando mucho la docencia.

-¿Cree que los alumnos podrían tener algún impedimento de cara a su entrada en el mundo laboral por haber cursado el grado este tiempo de manera no presencial?

-Pongámonos en la situación de que un estudiante cursara online un año de los cuatro que tiene el grado. Sí es verdad que no es presencial, pero desde luego no es un año perdido. Es cierto que objetivamente hay una pérdida, pero en todo caso no es muy significativa. En el caso de los másteres seguramente sea mayor, ya que la duración es de uno o dos años. Estamos en una situación que no es agradable para nadie, pero no creo que esta sea recordada como la generación del coronavirus.

-¿Cómo serán los exámenes de la primera convocatoria del curso?

-Salvo que las circunstancias sanitarias lo impidan, serán presenciales en su mayoría. Otros, en función de las características de la asignatura, serán de manera online.

-Con la experiencia del final del curso pasado, ¿mejorarán el sistema de evaluación para evitar cierta picaresca del alumnado en los exámenes que fueran online?

-Sin duda un punto muy débil de los exámenes online es la seguridad. Da igual que hablemos de adultos o jóvenes. Es un sistema intrínsecamente inseguro. Existen mecanismos que dificultan la prueba, pero depende mucho del tipo de examen que se haga. Hay veces que acaba siendo contraproducente. En muchos casos se hace más un examen para que no se copie y se pierde el objetivo principal que es saber lo que ha alcanzado el alumno.

-¿Se plantean mantener el sistema de educación online cuando termine la pandemia?

-No cabe duda de que la irrupción que ha tenido la docencia online va a dejar huella. Se han visto cosas positivas y negativas. Por un lado, las circunstancias han obligado a que la implantación de la infraestructura se haya acelerado, que en condiciones normales hubiera tardado más. Hace un tiempo la formación online se miraba de reojo. Entonces, si yo tuviera que apostar, en un futuro la formación de calidad va a tener menos presencialidad. Si cada crédito tiene estipuladas unas diez horas de presencialidad, yo creo que en el futuro serán menos, aunque la carga para el alumno sea la misma.

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