Un gijonés pierde un empleo por una PCR errónea

Pedro Martín Matilla iba a comenzar a trabajar en la Residencia Mixta de Gijón. «Perder esa oportunidad es lo más triste. Tengo 62 años y sé que no me van a volver a llamar», lamenta

Pedro Martín Matilla
Pedro Martín Matilla

Gijón

Pedro Martín Matilla tiene 62 años y es, de formación, instalador electricista. A su edad, y tras dos años en el paro, sus esperanzas de poder acceder al mercado laboral disminuían a medida que pasaba el tiempo. Todo cambió cuando, el pasado 31 de marzo, desde el Servicio Estatal Público de Empleo (Sepe) en Asturias le llamaron para ofrecerle la posibilidad de hacer una entrevista de trabajo en la Residencia Mixta de Gijón. Pero una PCR errónea y un falso positivo se cruzaron en su camino y truncaron esa ilusión.

Este profesional explica que «el 31 de marzo me llamaron de Trabajastur por primera vez en mi vida para que fuera a una entrevista a la Residencia Mixta de Gijón antes de las dos de la tarde con mis titulaciones de instalador electricista».

A la ilusión por esta oportunidad se unió la buena sintonía que notó con los que podrían haber sido sus futuros empleadores. «Me hicieron la entrevista, me enseñaron parte de las instalaciones y, ya esa misma tarde, me dijeron que había pasado el proceso y que fuera al día siguiente a hacerme una PCR a Marina Civil», explica.

Tres días después de someterse al test le llamaron los rastreadores para comunicarle «que era positivo. Lógicamente de la residencia me dijeron que no me presentara el lunes a trabajar». Además de seguir el protocolo de cuarentena, Pedro Martín Matilla se instaló la aplicación móvil Radar Covid. Hasta aquí, pese a la mala suerte en cuanto a los tiempos de los acontecimientos, todo entraría dentro de lo normal en una pandemia como esta.

Cuál sería su sorpresa cuando «el día 7 a uno de los contactos estrechos que había dado le dicen los rastreadores que no tiene que hacerse la PCR, porque mi prueba y la de otras personas que se la hicieron ese día habían dado errores, estaban mal y que era un falso positivo».

Al enterarse por una fuente no oficial de que, en teoría, había sido un falso positivo se decidió a «mover Roma con Santiago, aunque mi doctora, por ejemplo, nunca me llegó a atender en el centro de salud de Perchera». «Les llamé por teléfono para explicarles mi caso y lo único que me dijeron es que podían darme cita con la doctora para el día 14. Yo quería que se lo comentaran a mi médica para ver si había manera de aclarar la situación y contrastar la información de los rastreadores, porque aún estaba en plazo de deshacer el entuerto», comenta. «En estos días aún no me ha llamado la doctora, siendo esta una de sus obligaciones según el protocolo del Sespa para la COVID 19», relata.

Sin embargo, antes de poder llegar a deshacer el embrollo desde la Residencia Mixta de Gijón le comunicaron que «al haberse demorado la situación tenían que seguir con el proceso de contratación». A sus 62 años acababa de pasar delante de sus ojos una oportunidad laboral de esas que, por desgracia, no se les suelen ofrecer a profesionales de esa edad.

Con la mala noticia ya a cuestas, «después de llamar a varios teléfonos de Sanidad y del Principado, porque solo quedó llamar directamente a Adrián Barbón», le dieron cita para hacerse una nueva PCR en la que se confirma que es negativo, pese a que «en la aplicación radar COVID» sigue apareciendo aún hoy como positivo.

Lamenta que ni desde su centro de salud ni desde el Principado nadie haya «dado la cara y, ni siquiera, haya dicho nada». «Perder esa oportunidad de trabajo es lo más triste. Tengo 62 años y sé que no me van a volver a llamar. Además en la entrevista encajé perfecto. Era como si estuvieran esperando por mí. Llevaba dos años en paro y, sinceramente, ya pensaba que no me iban a llamar de ningún lado», reconoce resignado.

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