Anahy Brandy, la heroína del Arbeyal que salvó a una niña de cuatro años que se había atragantado con un caramelo

Marcos Gutiérrez REDACCIÓN

GIJÓN

Anahy Brandy, avilesina y vigilante de seguridad en las oficinas centrales de la Empresa Municipal de Aguas
Anahy Brandy, avilesina y vigilante de seguridad en las oficinas centrales de la Empresa Municipal de Aguas

La vigilante de seguridad en las oficinas centrales de la Empresa Municipal de Aguas de Gijón explica que «cogí a la nena, la puse con la cabeza mirando al suelo, metí los dedos, eso le indujo un poco el vómito y saqué el caramelo»

21 ago 2024 . Actualizado a las 11:25 h.

No todas las heroínas llevan capa, ni falta que hace. No son muchos los paladines de la clase trabajadora los que se asemejan a Daredevil o Peter Parker. La mayoría hacen más fácil la vida de los demás a base de su buen hacer y de levantarse temprano todos los días para cumplir con su labor con amabilidad, entrega y honradez, porque eso es lo que toca. De hecho, la mayoría de la gente de a pie no sabemos que somos capaces de realizar actos nobles y desinteresados por los demás hasta que nos vemos envueltos en una situación límite. Esto es lo que le sucedió el lunes a la vigilante de seguridad Anahy Brandy.

Esta avilesina de 55 años trabaja desde hace unos seis años «en las oficinas de la Empresa Municipal de Aguas de Gijón en el Arbeyal». El lunes, en torno a las 16 horas de la tarde, se tuvo que enfrentar a un escenario para el que no todos estamos preparados. «Llegó una señora con una nena pequeñita, que tendría unos cuatro años, más o menos, y estaban esperando ellas solas por unas personas, porque tenían que hacer unos trámites», apunta.

Poco después, esta profesional (con mayúsculas) de la seguridad comenzó a escuchar «a la nena toser y toser y toser». De algún modo, se dio cuenta de que ese tosido de la pequeña no era normal. «Me acerqué a ella para ofrecerle un poco de agua, porque pensaba que lo que tenía era un poco de picazón», relata.

Entonces la madre de la pequeña, angustiada porque la cara de la niña se empezaba a enrojecer, comenzó a explicarle a Anahy «que no era picazón, me decía '¡caramelo, caramelo!'». «Me señaló la garganta y entonces cogí a la nena, la puse con la cabeza mirando al suelo, metí los dedos, eso le indujo un poco el vómito y saqué el caramelo», apunta.

«Es la primera vez en mi vida que tengo que hacer esto», explica esta avilesina. «Fue lo primero que se me ocurrió, hacer esto, porque pensaba que una nena tan pequeñita, cualquier cosa que le haces le puedes hacer daño», añade.

En todo momento esta trabajadora trata de restarle importancia a su rápido gesto. Insiste en que fue «lo primero» que se le ocurrió, sin darse cuenta de que ese acto instintivo ha supuesto, probablemente, una diferencia fundamental para una pequeña que, seguramente, le debe la vida.

Anahy trabaja en el sector de la seguridad desde hace «quince años y antes estaba de camarera, empecé en el 2009 con esto». Reconoce que estos días muchos compañeros de gremio se le han acercado para felicitarla. «La verdad es que sí, muchos me dicen que por fin nos van a conocer por algo bueno», apunta.

«Cada vez que salimos en la prensa parece que es por cosas malas, por lo que está bien que valoren que sabemos hacer otras cosas», indica.