La familia ucraniana que se refugió de las bombas en Gijón: «Es un lugar muy bueno para nuestro futuro»
GIJÓN
Sasha, Andrii y la pequeña Myroslava, de solo tres años, encontraron hace tres meses en El Natahoyo un lugar en el que escapar de un conflicto bélico que no hacía más que recrudecerse. «Había una amenaza sobre nuestras vidas», explica Sasha, que reconoce feliz que en Asturias han podido cumplir su «sueño de tener una pequeña tienda» de cerámica, Gomalenta
11 ago 2025 . Actualizado a las 05:00 h.Aproximadamente 3.500 kilómetros separan la capital de Ucrania, Kiev, de Gijón. Esa es la distancia que han tenido que recorrer el matrimonio formado por Sasha, Andrii y la pequeña Myroslava, de solo tres añitos, para escapar del horror de la guerra y las bombas. Probablemente la distancia emocional que se han visto forzados a transitar haya sido mucho mayor.
Pese a todo, en Asturias, concretamente en el gijonés barrio de El Natahoyo, han encontrado un hogar, una forma de vida y, lo que es más importante, una esperanza para el futuro. Allí han decidido montar su taller y estudio de cerámica, Gnomalenta, para continuar con su profesión y traerse a España un pedacito de esa vida anterior que el ruido de las armas les forzó a abandonar.
Sasha explica que «hace cuatro meses» decidieron hacer las maletas «buscando una casa para comprar o alquilar». «Vinimos en cuanto la encontramos, aquí llevamos tres meses», aclara. En este sentido, esta ucraniana nunca se hubiera imaginado que iba a llegar un momento en el que le tendrían que decir adiós a su hogar. «Si no hubiera sido por la guerra habríamos vivido en Ucrania por el resto de nuestras vidas», apunta.
Y es que, hace unos meses «comenzaron a haber más ataques con misiles y drones» que empezaron a hacer la vida en la mismísima capital de Ucrania cada vez más imposible. «Antes ya había una amenaza sobre nuestras vidas, pero no se producían tantos ataques», resalta.
A medida que empezaron a registrarse «muchas explosiones y daños en Kiek» tomaron una decisión de la que, pese a la amargura que experimenta todo aquel que se ve forzado a abandonar su hogar, no se arrepienten.
Sasha explica que Asturias y Gijón tienen «muy buen clima y temperatura». «No nos gusta el calor, por lo que decidimos buscar una ciudad en el norte de España», remarca. «Además, no necesitábamos estudiar otra lengua como en otras regiones», añade.
Aparte de su propia investigación de posibles destinos, para decantarse por el Principado estuvieron mirando «blogs de personas que se habían mudado a Asturias», en los que la región se describía como un lugar apacible.
Lo que han encontrado es «un buen lugar, bonito, limpio, con gente muy sonriente, mar y montañas cerca». «Nos gusta mucho la naturaleza», indica. Ahora está tomando forma su taller y tienda de cerámica, Gnomalenta, ubicada en el número 18 de la avenida de Galicia. Ya llevan «tres años» dedicándose al mundo de la cerámica, pero ahora han podido cumplir su «sueño de tener una pequeña tienda». Además, compaginan su trabajo diario con las clases de español para poder zambullirse cada vez más en la cultura local.
Sus planes para el futuro no pasan por volver a su país cuando termine la guerra. «Queremos quedarnos aquí», explica Sasha. «Antes de la guerra no nos planteábamos vivir fuera de nuestro país», apunta. «Gijón es un lugar muy bueno para nuestro futuro y el de nuestra hija», comenta.
Y es que el Principado les permite «ir a la montaña, al mar, montar en bici y muchas otras cosas que no podíamos hacer en Ucrania», ya que en España hay «muchas infraestructuras». «La calidad de vida es mucho mejor aquí, por lo que planeamos quedarnos para siempre», concluye.