Así fue la angustiosa noche en Monteana: «Hubo momentos de miedo, veías sirenas, coches de bomberos, y el cielo todo rojo»

Sergio Muñoz Solís
Sergio M. Solís REDACCIÓN

GIJÓN

Tino Mendoza, presidente de la Asociación de Vecinos de Monteana en el colegio de la parroquia
Tino Mendoza, presidente de la Asociación de Vecinos de Monteana en el colegio de la parroquia

Medio centenar de personas tuvieron que abandonar sus domicilios y pasar la noche en el colegio de la parroquia tras reactivarse el incendio del monte Areo por las fuertes rachas de viento: «Podías contar dos o tres agentes por persona. Había cuerpos de seguridad, sanitarios, voluntarios... un despliegue impresionante»

23 oct 2025 . Actualizado a las 16:30 h.

El olor a madera quemada y el humo aún se hacen notar en la parroquia de Monteana y en San Andrés de los Tacones, después de que medio centenar de vecinos de la zona del Camín de la Melendrera pasaran con angustia una de las noches más largas que recuerdan. El incendio declarado en el monte Areo, linde natural entre Gijón y Carreño, obligó a evacuar sus viviendas a última hora de este miércoles, después de que el intenso viento reavivase las brasas del fuego extinguido días atrás en la misma zona. «Parecía niebla, pero era humo. Había muchísimo olor a quemado, como si ardiera todo el monte», relata Tino Mendoza, presidente de la Asociación de Vecinos de Monteana, mientras repasa las horas de incertidumbre vividas.

El fuego, reactivado por rachas de viento de hasta 50 kilómetros por hora, avanzó con rapidez y sorprendió a los vecinos cuando el día se apagaba. «Nos avisó la Policía Local cuando estábamos acabando de cenar y tuvimos que salir sobre la marcha», contaba una vecina desalojada. Muchos no tuvieron tiempo ni de coger documentación ni ropa de abrigo. Otros se marcharon con sus animales, a los que no estaban dispuestos a dejar atrás. «Nosotros tenemos perros y un gato. Los metimos en el coche y nos vinimos así, en pijama», explica Eva García, vecina de la parroquia. «Al final dormimos en el coche, porque no queríamos dejarlos solos», relata.

El colegio de Monteana se convirtió en improvisado refugio para las familias desalojadas, entre mantas, sacos de dormir y colchones que los equipos de emergencia fueron repartiendo conforme avanzaba la noche. «El gimnasio estaba cerrado y hubo que localizar al director para que viniera a abrirlo», recuerda Mendoza. Allí se quedaron la mayoría de los desalojados, aunque algunos optaron por pasar la noche en sus vehículos o se trasladaron a un hotel facilitado por las autoridades en el centro de la ciudad.

La alcaldesa, Carmen Moriyón, se acercó personalmente al centro educativo y permaneció allí hasta las tres de la madrugada, interesándose por el estado de los afectados y conversando con algunos de ellos. Su presencia, reconocen los vecinos, «sirvió para tranquilizar un poco el ambiente» en una noche marcada por la tensión y la falta de descanso.

La incertidumbre se palpaba en cada rincón. «Hubo momentos de miedo, la verdad. La gente mandaba fotos, preguntando qué estaba pasando. Veías las sirenas, los coches de bomberos, y el cielo todo rojo», describe Mendoza. Un joven ganadero, cuenta, temió perder sus vacas recién compradas. «Decía que se le quemaban las vacas, que se le quemaba todo. Por suerte, pudo sacarlas a tiempo», añade. La solidaridad, coinciden todos, fue inmediata: vecinos ayudando a otros a mover animales, ofreciendo mantas o café y acompañando a los mayores.

El operativo desplegado, entre equipos de bomberos de Gijón y del SEPA, Guardia Civil, Policía Local, Cruz Roja y Protección Civil, fue amplio. «Podías contar dos o tres agentes por persona. Había cuerpos de seguridad, sanitarios, voluntarios... un despliegue impresionante», asegura Mendoza. Durante las labores resultaron atendidas tres personas, dos por crisis de ansiedad y una por una lesión leve en un tobillo, según confirmaron fuentes del Servicio de Emergencias del Principado (SEPA).

Abel Crespo y su perro Ares, en el colegio de Monteana
Abel Crespo y su perro Ares, en el colegio de Monteana

Entre quienes pasaron la noche en la zona estaba Abel Crespo, acompañado por su perro Ares. «Cuando llegué ya estaba todo desalojado. Aparqué el coche, moví a los animales y me quedé a ayudar con lo que podía. Dormí en un bajo, en un sofá, más o menos calentín», explica. Por otro lado, el joven lamenta la falta de mantenimiento en los caminos de la zona, aunque sospecha que la reavivación de las llamas pudo ser provocada: «Ya la semana pasada hubo otro intento. Esta semana, con el viento, aprovecharon y arrancaron con medio monte».

Pasadas las tres de la madrugada, la lluvia dio un respiro. «El agua ayudó un poco a calmar las cosas, pero el viento seguía», explica Mendoza. A primera hora del jueves, el SEPA dio el incendio por controlado y el Principado desactivó el plan de emergencias. Aun así, los vecinos permanecían a la espera de poder regresar. «Nos informaron de que, sobre las doce del mediodía, empezaríamos a ser realojados progresivamente», detalla el presidente vecinal.

Eva García y Seya García en el colegio de Monteana
Eva García y Seya García en el colegio de Monteana

Entre los más pequeños, la experiencia dejó huella. Seya García, que vive en San Andrés de los Tacones, «estaba acostada para ir al colegio» cuando tuvo que dejar su casa. «Me levanté porque escuché la sirena de los bomberos», cuenta, todavía con el susto en el cuerpo. «Tengo ganas de volver a casa para dormir y descansar, porque no he dormido nada», confiesa. La niña asegura que la Cruz Roja «llevó comida y agua y se portaron muy bien», un gesto que los vecinos agradecen profundamente.

Durante toda la mañana, los bomberos del SEPA y del Ayuntamiento de Gijón han continuado trabajando en la zona para enfriar puntos calientes y asegurar que no se reaviven las llamas de un incendio que se da por controlado. Las labores de extinción se han visto favorecidas por la mejora de las condiciones meteorológicas, al amainar la fuerza del viento. El consistorio ha comunicado a primera hora de la tarde de este jueves que todas las personas desalojadas por el incendio en el monte Areo ya han podido regresar a sus casas.