Las razones de Jorge Coscarón para dejar Madrid y mudarse a Gijón: «Cada vez que viene alguien a mi casa habla de venir»

Manuel Noval Moro
Manuel Noval Moro REDACCIÓN

GIJÓN

Jorge Coscarón
Jorge Coscarón

El periodista y community manager de la revista Esquire vive desde hace dos años en la ciudad con su mujer y su hija. Dejaron la capital después de 20 años por las mejores condiciones de vida de Asturias

09 feb 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Jorge Coscarón es, por casualidad, según dice, vasco de nacimiento (vivió sus primeros cuatro años en Irún), leonés de ascendencia (de allí son sus padres) y gijonés de crianza (allí vivió con su familia desde los cuatro años hasta que se fue a estudiar periodismo a Salamanca, para regresar a la ciudad asturiana a trabajar durante unos pocos años). Y después de toda esta trayectoria vital, se hizo madrileño de adopción. Echó raíces en la capital, allí se casó con una mujer de la localidad manchega de Tomelloso y tuvo un hijo con ella. Pero, después de veinte años, parece que las raíces en Madrid no se habían hecho suficientemente profundas y la pareja decidió dar un paso que para él fue un regreso y para su mujer, un salto a un modo de vida distinto: se trasladaron a Gijón. 

¿Y cuáles fueron sus razones? La que parecería más obvia, cambiar el ajetreo de la gran ciudad por algo más manejable, no fue en realidad la más importante. Èl se dedica a escribir, y también es el community manager de la revista Esquire. Y confiesa que estaba «a gusto; trabajar en casa no es el desgaste de esa gente que tiene que pasarse una hora en el metro». No obstante, aunque esta no fuera la principal razón, lo cierto es que la pareja ha ganado mucho en tranquilidad.

Sí tuvo bastante peso, como últimamente suele ser habitual, la parte económica. «Aunque llevábamos una vida bastante tranquila, el coste de la vida se estaba haciendo cada vez más caro», asegura. Y además, «las ideas políticas no van mucho con mi mentalidad». En un artículo de Esquire en el que habla de su traslado a Asturias, Coscarón pone sobre la mesa los principales problemas que presenta hoy Madrid en este sentido: «No voy a analizar el precio del metro cuadrado en la capital, ni el bajo nivel de los sueldos, la deficiente calidad de los servicios públicos o cómo la gentrifricación y los fondos buitre van alejando a la clase media (si es que sigue existiendo) del centro. Ya tenéis ojos para verlo». 

Así las cosas, la pareja decidió buscar opciones para el traslado. Descartaron Tomelloso porque «quizá era un poco pequeño», y también irse a la sierra de Madrid o a Alcalá de Henares, opciones que finalmente no vieron claras. Entonces, surgió Gijón. Y reconoce que tuvieron suerte, porque llegaron a tiempo. «Encontramos un piso muy apañado muy cerca de donde viven mis padres; parece que se conjuntaron todos los astros para que nos saliera bien». Porque en poco tiempo los precios se han disparado. «Se ve en los carteles de las inmobiliarias: lo que me costó a mí ya no lo ves por ahí». 

Una de las razones quizá sea que cada vez más gente está haciendo lo que él y su pareja: «Tengo un amigo que tiene una cervecería aquí, y no hay día que no venga alguien de Madrid que no se haya comprado un piso y se haya mudado ya». Y muchas de sus visitas también están en ese punto: «Cada vez que viene alguien a mi casa hablan de venir, otra cosa es que luego lo hagan», asegura. 

Y si el precio de la vivienda es una razón más que poderosa para haber dado el paso, el cambio de ritmo de vida acaba por ser un factor también muy importante. «No lo notas tanto aquí como cuando vuelves a Madrid: entonces sí te acostumbras a un ritmo más pausado; allí hay mucha más gente, es mucho más ajetreado; aquí valoras la familia, la cercanía, y valoras el tiempo». Este es, también, un cambio radical. «Puedes llevar al niño al colegio, ir al gimnasio, a ver a tus padres o al súper en un radio de 15 minutos andando, el coche lo cogemos de Pascua en Ramos, y es algo que empiezas a valorar».

No sólo él está a gusto. Su mujer se ha adaptado muy bien, porque había venido con él muchas navidades y muchos veranos huyendo del calor. «Eso es algo muy bueno porque no hay mucho frío ni mucho calor, ni riadas y esas cosas que pasan en otros sitios; nos estamos librando». Su mujer viaja por trabajo un par de veces al mes y él está «muy tranquilo» con su ordenador, y coge el tren si hace falta.

Y cuando habla con gente de fuera de Asturias lo que más ve que valoran es el sitio, la comida, el clima. Lo único a lo que le cuesta acostumbrarse a la mayoría es a la lluvia. Él mismo, a pesar de haber vivido años por aquí, tiene cierta dificultad. «No estaba acostumbrado a coger el paraguas tan a menudo». Pero, en fin, es un mal menor que hace que compense todo lo demás y que ayuda a que ya casi no eche de menos la gran ciudad.