Risto Mejide: «Quien bien te quiere te hace llorar muy poco»

Risto ha vuelto al Chester con la ilusión «en nivel Dios» y el amor a flor de piel. Emocionó a Belén Esteban, acorraló a Gabriel Rufián y bajó al barro con Cristina Cifuentes «para que ella bajase» también. «Tengo poco talento, pero he aprovechado las oportunidades que me han dado», dice.


A sus 42, Risto Mejide (Barcelona, 1974) ha tomado asiento por amor. Diez años después de ser el juez implacable de OT, el creativo que conduce Chester in love en Cuatro y Got Talent en Telecinco se define como un «impostor» que debe sentirse como un pez fuera del agua para trabajar. Da la impresión de ser un gran tímido con una infraestructura de recursos. ¿Cuál ha sido la pregunta más incómoda que le han hecho? «Todas las que tienen que ver con mi vida personal. Esto me violenta mucho», revela.

-¿Cómo valoras la etapa «Operación Triunfo» diez años después?

-La veo maravillosa. Sería un necio si no estuviera agradecido a Operación Triunfo... pero una persona cambia mucho en diez años. Si no cambias en diez años, has perdido diez años de tu vida.

-Has dicho que entonces eras más joven pero tenías menos estilo.

-¿Eso he dicho yo? Quizá alguien lo haya puesto en mi boca. Yo no he dicho eso. Ahora soy más viejo, tengo menos pelo y más experiencia. Eso es todo.

-¿Son los 40 la edad del cambio?

-Con 42 no hago las mismas cosas que con 32, pero yo no creo que te cambien los años. Te cambian las personas.

-Los años algo también, ¿o no?

-Los años a mí no me han cambiado tanto. Quizá yo tengo ese grado de irresponsabilidad. Te cambian las personas. Te cambia tener un hijo. Te cambia la persona con la que compartes tu vida. Te cambia la gente con la que estás trabajando. Te cambian las personas. Y yo he tenido mucha suerte en ese sentido.

-¿Quiénes te han cambiado?

-Mucha gente a lo largo de estos años. Tinet Rubira, uno de los mejores productores de tele que hay; Paolo Vasile, el tipo más inteligente del sector y el que más sabe de televisión en España... También el productor del Chester, Óscar Cornejo, el que más horas tiene de televisión ahora mismo a nivel nacional. A toda esta gente, además, les puedo llamar amigos.

-Edurne es la mejor compañera que se puede tener, has dicho. Y ella te ha correspondido: «Risto es un cañero con corazón». ¿Cierto?

-Si Edurne, que es una persona con tanto criterio, lo dice, debe de ser. En el mundo del márketing no importa tanto lo que es como lo que parece...

-Ya sabes lo que dijo Wilde: hay que tener cuidado con lo que pareces porque uno acaba siendo lo que parece ser.

-Yo tengo una máxima: Fake it till you make it, ‘Haz ver que lo haces hasta que lo hagas de verdad’. Y eso, como buen impostor, siempre me ha funcionado.

-Para llegar a ser tú mismo es imprescindible esquivar lo que los demás quieren que seas, es uno de tus consejos. ¿Lo has tenido muy difícil?

-No. Para nada. Yo no voy de víctima ni de mártir. Yo he tenido muchísima suerte en la vida porque ha habido gente que me ha dado oportunidades. Fíjate que la suerte es una mezcla de talento y oportunidad. Hay gente con mucho talento a la que nunca le han dado oportunidades y gente como yo, con poco talento, que ha sabido aprovechar las oportunidades que le han dado.

-¿Te refieres a lo profesional?

-Yo no hablo de lo personal. Miles de periodistas en este país matarían por tener un formato como el de Chester.

-«El detalle es algo muy muy grande que aparentemente es muy muy pequeño», leemos en tu libro «X», que va por la 7.ª edición. ¿Por qué debo leerlo?

-No soy capaz de decirte. Me da pudor obligar a la gente... Que lo lea el que quiera. Entre los que lo han leído, hay una mayoría abrumadora a la que le ha encantado y, hoy por hoy, sigue siendo uno de los libros de no ficción más vendidos. Ese es el dato que hay en la calle.

-En el ránking de ventas, «X» se codea con «Ser feliz en Alaska» de Santandreu, que le dio a Buenafuente la entrevista que debía hacerle. ¿Qué opinas de la lección que le dio el presentador?

-Prefiero no opinar sobre el trabajo de un compañero.

-Creativo, presentador, comunicador, juez. ¿Cómo te defines en una palabra?

-Soy un impostor... profesional.

-«Chester in love» se estrenó con Cristina Cifuentes, que le dio la vuelta al sofá para saber de ti. ¿Estaba preparado?

-No. No hay nada preparado. Sí me preparo bien la conversación para tener muchos temas de los que hablar con la persona, pero no sé lo que va a pasar. Cristina quiso saber sobre mí, y no puedes exigir sin dar. Tuve que bajar al barro para que ella bajase también.

-¿Te incomodó?

-Lo pasé mal porque no hablo de mi vida personal, pero entendí que era necesario para que Cristina se abriese.

-Como juez de artistas has hecho llorar a más de un «triunfito» y hoy conduces «Chester in love» ¿Eres de los que creen que bien te quiere te hará llorar?

-No, para nada. Quien te hace llorar te quiere muy poco.

-Me impresionó oír a Pedro García Aguado contarte cómo había aprendido a superarse con una educación inflexible, dura. Lo contrario a lo que proponen maestros como César Bona. ¿Mano dura o buenas maneras para educar?

-A César Bona lo tuve hace poco y lo vas a ver en Chester. A mí me da pudor postularme sobre lo que no sé. De educación deben hablar César o expertos como Ken Robinson. Lo que sí sé es que quien bien te quiere no te hará llorar.

-Te vemos en Instagram con tu primera maestra, ¡35 años después!

-Sí. La señorita Carmen. Casualmente iba por la calle y me la encontré. Quedé fascinado al ver que me reconocía y me llamaba por mi nombre. Fue un momento mágico, fue como abrir una ventanita a la infancia.

-¿Quién querrías que te entrevistase?

-Yo no tengo interés como entrevistado. Sé hasta dónde doy [risas], la impostura lleva a saberse lo que uno puede dar. He estado con gente lo suficientemente interesante para saber que hay muchas vidas que merecen ser relatadas. Yo no tengo interés en contar mi vida, sino en saber sobre la de los demás, sobre sus puntos de vista sobre la vida. Creo, y esto no se lo he dicho a nadie, creo que en este país hemos confundido la vida íntima con la vida interior.

-¿No coinciden?

-No. Parece que cuando yo te pregunto sobre cómo amas te esté preguntando con quién te acuestas. En televisión hay mucho contenido sobre «con quién te acuestas» y poco sobre «cómo amas».

-Vanessa Martín, a quien te declaraste, dice que «el amor es piel». ¿Y tú?

-Para mí, el amor es colocarte en un segundo plano en tu propia vida.

-Eso pasa con los hijos...

-Por ejemplo. Sí.

-Cuando los hombres habláis de amor os ponéis «ñoñas» enseguida, dices. ¿Deberíais leer más Cavafis, más Pizarnik y menos Marwan?

-Quizá... pero hay un momento para cada cosa. También te digo: viva la gente que expresa sus sentimientos sin miedo a las consecuencias. Es lo más honesto.

-¿Cómo encaja eso con un impostor?

-Porque estoy en un lugar que no me corresponde. Como no tengo título de ninguna de las profesiones que ejerzo actualmente, no me siento legitimado.

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