Cañita Brava, 20 años después de Torrente

Hace dos décadas, a Cañita Brava ya se le veneraba por sus apariciones en El Semáforo. Santiago Segura, experto en descubrir talentos, lo puso delante de la cámara (y detrás de la barra). Él improvisó y tiene aún pendiente la cuenta más famosa del cine español. «A Segura siempre le fío», confiesa

Cañita Brava, 20 años después de Torrente Hace dos décadas Santiago Segura puso a Cañita Brava delante de la cámara (y detrás de las barra). Interpretaría a Antonio, el camarero al que Torrente aún le debe las célebres «6.000 pesetas de whisky». Así recuerda el momento y su carrera.

Al igual que Jon Bon Jovi se pasea con naturalidad por New Jersey o Brad Pitt por Los Ángeles, Cañita Brava (A Coruña, 1946) hace lo propio en el barrio en el que es estrella residente en la ciudad herculina, Os Castros. Su semblante es serio, aunque regala sonrisas en cuanto alguien le pide un selfie. Es entonces cuando su índice derecho se coloca estratégicamente en la mejilla y da a sus fans lo que quieren: «Messi y Cristiano Ronaldo no posan mejor que yo, Iago». Quien escribe lo conoce bien tras compartir dos años de trabajo en Vaya V, de V Televisión. Ponía los puntos sobre las íes a la actualidad en un informativo emitido desde un bar porque, en el fondo, allí es donde todos somos capaces de ser el seleccionador nacional o el presidente del Gobierno. Cañita, con unos férreos valores, «la gente que no es buena no merece nada» -dice-, aplicaba por igual su vara de medir a Rajoy o a Merkel, al Dépor o al Celta, a Feijoo o a Sánchez... y fue, cómo no, un éxito. «Rotundo», apostilla él. Dieron fe de ello programas de zapping de todo el país (Arucitys, 8tv; APM, TV3 y Top Trending Tele, LaSexta).

La fórmula, sin embargo, tiene un descubridor. Santiago Segura fue el primero que supo que la barra tabernaria era su hábitat natural. «Santiago tenía el teléfono de Chicho -Íbañez Serrador, creador de El Semáforo- y habló con el mejor representante que he tenido, Benigno Eiriz... y no tuve que hacer nada más», cuenta Cañita. Interpretaría a Antonio, el camarero con el que Torrente aún tiene una deuda pendiente. «A mí Santiago me dijo lo que tenía que hacer y yo improvisé». Así que el copyright de una de las frases más icónicas del cine patrio; «te recuerdo que me debes 6.000 pesetas de whisky, si no me pagas se acabó el comer aquí», es únicamente suyo. «Tú le das el guión y ‘previsa’, como dice él, mejorando lo que yo escribo», señalaría el propio Segura sobre su manera de actuar.

En cuatro de las cinco películas que conforman una de las sagas más taquilleras del cine español, Cañita ha estado presente. Buena parte del éxito de las entregas de Torrente reside precisamente en la capacidad de un director como Santiago Segura de dar con el reparto adecuado. Del memorable Tony Leblanc de la primera -El brazo tonto de la ley- al cameo de Paquirrín en la cuarta -Lethal Crisis- pasando, por supuesto, por Gabino Diego en el papel del Cuco de la segunda -Misión en Marbella-. En la última (Operación Eurovegas, 2014) la estrella de cine y televisión hollywoodiense Alec Baldwin se convierte en cómplice de Torrente en un sonado robo. «El americano es buen tío», me detalla Cañita. «Cuando lo vi le dije ‘Gu nai’ y él me respondió ‘Oquei’ levantando el pulgar», continúa al relatar el encuentro.

Manuel González Savín (Loliño para los suyos, Cañita Brava para su público) mezcla en su personalidad el surrealismo y una manera de expresarse impredecible capaz de arrancar las mejores carcajadas. Paciente, acabando un café, espera su nueva película o programa en la tele: «No sé si habrá sexta de Torrente, pero Santiago me llamará pronto, es mi amigo. A Segura siempre le fío». Mientras tanto Cañita sobrevive como cantante de fortuna. Si tiene usted alguna fiesta quizás pueda contratarlo (www.lafactoriadelshow.com).

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