«La felicidad es mucho más simple de lo que la hemos hecho»

«Cuando peleas con la realidad, pierdes el cien por cien de las veces», advierte Alejandra Llamas, un referente en crecimiento personal. La autora de «El arte de conocerte» lanza nuevo recetario y cuenta cómo pasó de ser una alumna disléxica a convertirse en bestseller. Existe un gym de la mente. ¿Entramos?


Existe un gym de la mente, y hay un ejercicio cardiosaludable en cada frase de Alejandra Llamas (Ciudad de México, 1970), una coach en gira con el que es su séptimo recetario para saborear felicidad. ¿Cómo empezamos a entrenarnos en ese gym mental? «Hay ejercicios diarios que pueden cambiar hábitos y sistemas de pensamiento que nos alejan de la felicidad. Generalizando, diría que el miedo es lo que más nos ata, lo que nos impide sobre todo ser felices», explica quien, dicen, dejó, con 28 años, su trabajo en una agencia de representación de artistas en Miami para crear su instituto de coaching, el MMK.

-El miedo suele estar ahí, escondido. Y hay que negociar con él, ¿no?

-Sí. El miedo habita sobre todo en nuestra conversación. Cuando nos cuestionamos pensamientos, creencias, el estado de conciencia que determina nuestra cultura, nuestra religión, estamos deshaciendo la idea del miedo.

-¿Qué nos limita más como personas?

-Olvidar de qué estamos hechos. Hemos entrado en una especie de sueño ilusorio de que somos un ser pequeñito, solo, independiente, que tiene que salir a delante a codazos en una vida difícil, en la que hay que competir, criticar, menospreciar para defenderse... estar como en esta lucha. Esa visión nos llena de miedos que nos llevan a desconfiar y ocultan la magia de la vida.

-Todos estamos conectados, adviertes.

-Es algo que tiene una explicación científica. Si vemos el mundo a velocidad cuántica, no hay una separación entre objetos y personas, todo es una sola energía palpitante.

-La teoría es inspiradora, pero parece difícil trasladarla a la realidad, aplicarla al día a día, para saber manejarse, por ejemplo, ante una discusión familiar o de trabajo. ¿Cómo hacemos?

-Primero hay que hacer una percepción más profunda que nuestros juicios. Muchos hemos establecido la mayoría de nuestras relaciones a partir de ‘lo que creo de ti’ o ‘lo que me han dicho de ti’ y he olvidado buscar la esencia. Esa parte importante de ti la he encartonado. A veces parece que tenemos a nuestros hijos, parientes o colegas metidos en cajas, como si fuesen objetos.

-¿Cómo deberíamos enfocar el fin de una relación para hacerlo bien?

-Sirve salirse del esquema ‘Esto está bien, esto mal’. Hay que plantearse si lo que veo mal en ti tiene algo que ver conmigo. Sería interesante cerrar cada relación con aprendizaje. Deberíamos perder las ganas de tener la razón a toda costa.

-¿Hay que ser egoísta para ser feliz?

-La felicidad es muchísimo más simple de lo que la hemos hecho. Los seres humanos somos, naturalmente, felices. Conforme pasan los años y la vida, nos van pasando cosas y vamos adquiriendo a veces creencias, roles, que van tapando esa felicidad natural. La felicidad lo único que te pide es que te entregues al momento. Ahí está la cantaleta del ‘Aquí la vida es complicada’, ‘hay que tener dinero’, ‘no te compliques, ve a lo tuyo’... que nos aleja de la felicidad, que está a la espera.

-Pero las facturas hay que pagarlas.

-Durante años viví endeudada. Solo cuando empezó mi trabajo interior me di cuenta de que estaba generando una deuda igual todos los meses, basada en una creencia que tenía acerca del dinero. Era un estrés pagar la renta, la luz... y empecé a dejar de ser víctima del dinero.

-Según Elsa Punset, confundimos la felicidad con el placer. ¿Coincide?

-Los placeres tienen más que ver con los sentidos y menos poso que la felicidad. Una cosa no excluye la otra, pero ser feliz significa no tener que depender de la búsqueda constante del placer.

-¿Qué dice de mí cómo reacciono a un atasco de tráfico?

-Cuando peleas con la realidad, pierdes el cien por cien de las veces. El atasco de tráfico es la realidad, si peleo contra eso voy a perder. En ese momento puedo elegir, y este es el mayor poder que te da la vida, elegir... en el caso del atasco, entre asumirlo o enfadarme.

-Quince años de experiencia en desarrollo personal. ¿Cómo se convirtió en coach, fue un giro en su vida?

-Desde chiquita, he sido una rebelde con causa. En primaria me suspendieron porque era disléxica. Recuerdo a los maestros enfadados, y se me hacía raro admirar a adultos que veía tan desconectados de la felicidad. Me decían ‘no eres capaz’, me señalaban, me reprobaban... pero yo no encajaba sus juicios sobre mí. Con 28 años me fui a vivir a EE.UU., de esto hace ya veinte años, y decidí dedicarme al coaching de lleno.

-¿Es rentable trabajar con la felicidad?

-Decía Aristóteles que la obligación de cualquier ser humano es la felicidad. La vida es un regalo, y cuando estamos en la queja, en la crítica, la victimización y el enfado dejamos de valorar el regalo.

-¿Debería ser materia escolar la educación emocional?

-Es, sin duda, un pilar. Conocernos por dentro y gestionar nuestras emociones nos ayuda a ser felices. A nivel académico debemos actualizar a los jóvenes y reaprender los adultos, porque fuimos educados con sistemas incongruentes, influidos por la física mecanicista de Newton, un modelo muy diferente al que hoy se sigue en crecimiento humano.

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