La periodista sigue recuperándose en un hospital de Lanzarote tras tener que ser operada de urgencia por un fuerte dolor abdominal. Desde su entorno aseguran que el proceso «va lento pero evoluciona favorablemente»
11 ene 2026 . Actualizado a las 14:36 h.Sara Carbonero sigue recuperándose en el hospital de Lanzarote donde tuvo que ser operada de urgencia el pasado 2 de enero, después de acudir aquejada de un fuerte dolor abdominal. Desde que el jueves pasado se conoció que había sido trasladada desde la UCI a planta, no han trascendidos nuevos datos sobre su estado, que de inicio, causó gran preocupación dados sus antecedentes de salud desde que en el año 2019 le fuera detectado un cáncer de ovarios.
En estos momentos, cuenta con grandes apoyos, entre los que se encuentran su novio desde hace alrededor de un año, Jota Cabrera, que no se separa de su lado desde su ingreso. Sara Carbonero viajó a finales del año 2025 a Canarias para pasar con su pareja y otros amigos, entre los que también estaban su comadre Isabel Jiménez, el maquillador Ion Villa y la profesora de yoga Claudia Valcárcel, el fin de año en la isla La Graciosa.
Isabel Jiménez tuvo que regresar al trabajo al poco tiempo de su ingreso, para incorporarse a Informativos Telecinco, pero Sara Carbonero se encuentra arropada por su novio, Jota, hijo del conocido anticuario José Luis Cabrera y de Cayetana Bonny. Su familia está vinculada desde siempre a la localidad de Tafira, en Las Palmas de Gran Canaria, pero también tienen raíces en La Graciosa, donde poseen varias propiedades. Allí precisamente se encontraba Sara Carbonero cuando comenzó a sentirse mal.
La fatalidad hizo que este bache de salud, un fuerte dolor abdominal por el que tuvo que ser intervenida de urgencia en Lanzarote y que según su entorno más cercano, nada tendría que ver con el cáncer que sufrió, coincidiese con una fecha muy especial para ella: el cumpleaños de Martín, su primogénito con Iker Casillas, que el pasado 3 de enero cumplió 12 años. La idea inicial de Carbonero era regresar a Madrid para pasar el día con su hijo, aún de vacaciones navideñas, pero no pudo ser posible.
Así que su madre, Goyi Arévalo y su exmarido, Iker Casillas, se están ocupando en estos momentos de los pequeños, mientras Sara Carbonero se recupera en Lanzarote y esperan que muy pronto pueda trasladarse a Madrid para seguir reponiéndose.
Aunque en un primer momento se habló de un traslado de hospital, los médicos que atendieron inicialmente a Sara Carbonero lo descartaron por completo al encontrarse demasiado débil y un médico de su máxima confianza, conocedor de su delicado historial clínico, viajó de urgencia a Canarias para supervisar su estado.
Sara Carbonero pasó casi una semana ingresada en la uci y se recupera de manera favorable, a pesar de que «esta intervención la ha cogido menos fuerte». La periodista ya está «activa en redes, responde a los mensajes y aunque su recuperación es lenta, evoluciona favorablemente». Sus más allegados confían en que «el lunes puede que reciba buenas noticias».
Tras despedir el año 2024 asegurando que había sido «el peor año de mi vida», Sara Carbonero no comenzaba este 2026 de mejor manera. «Adiós, 2024. Gracias por todo lo que me has enseñado a base de golpes y resiliencia. Gracias por ayudarme a hacer una criba y saber quién sí y quién no. Siempre te recordaré como el peor año de mi vida, pero serás solo eso, un vago recuerdo», escribía en aquel momento.
Apenas unos meses antes Sara Carbonero había hablado por primera vez en público de su cáncer, sin poder contener las lágrimas. «Me ha costado tiempo aceptar, comprender, que esto es una carrera de fondo, que yo voy a ser siempre una paciente oncológica, toda mi vida, y conviviré con la incertidumbre, incluso he aprendido a abrazarla», aseguraba en una gala benéfica.
«Por eso quería darle las gracias a Elle y a Bennedetta por esperarme, por respetar mis tiempos. Y bueno ¿por qué este cambio? ¿por qué en esta cuarta edición estoy aquí? Porque he hecho un gran trabajo personal, en este tiempo y he mirado mucho para dentro y me he dado cuenta de que esta travesía, a lo largo de este desierto, se hace mucho mejor acompañada, que hay que normalizar el cáncer, que mostrarnos vulnerables no es malo, sino todo lo contrario, como decía Raquel antes, nadie es perfecto ni lo pretendemos», añadía.
«Pero, sobre todo, estoy aquí para lanzar un mensaje de esperanza, de aliento para todas las personas que estén conviviendo porque no me gustan nada los términos bélicos, lo siento mucho... batallar y así, pero aceptando esta cruel enfermedad. Os voy a contar una cosa: cuando en el 2019 me encontré con el diagnóstico del cáncer, lógicamente me quedé en shock. Era terrible, yo tenía 35 años, una vida sana, no entendía nada. Y eso que mi pronóstico fue bueno, pero mi cabeza estaba llena de porqués. Y, ¿por qué? Porqué todo el rato. Entonces me recomendaron ir a un psicólogo, ir a un psicooncólogo, que hacen una labor maravillosa, pero yo en ese momento necesitaba era hablar con mujeres que hubieran pasado lo mismo que yo y que 10 años después o 15 años después estuvieran vivas y fuertes y trabajando. Y eso es lo que hice, llamar a las diez mujeres que no conocía lógicamente de nada para que me contaran su historia», continúa.
«He aprendido mucho sobre el valor del tiempo, que es el tesoro más preciado que tenemos. Sobretodo a vivir el presente y, además, como decía nuestro querido Pau Donés: ''de manera urgente''. He aprendido que el poder del amor es tan potente, que es capaz de transformarlo todo. Y aquí es donde quiero acordarme de todas las personas que han estado a mi lado incondicional en estos años, que son ya muchos. No voy a decir todos sus nombres, pero ellos saben quiénes son. Sí que quiero destacar a mi familia, a mi madre y a mi hermana que quizá son las personas que más han sufrido conmigo. Ya que hay una representación de mis amigas, está Raquel, maestra y compañera de muchas cosas, mi amiga Isabel era la persona que más horas de hospital ha compartido conmigo. Vicky Marcos se encargaba de ponerme guapa cuando yo no me reconocía frente al espejo. Ana Rivera es la hermana mayor que nunca he tenido y Ana Carolina ha venido de Portugal, de Oporto, donde viví unos años, pero no solo hoy, sino cada vez que he tenido que ser operada o intervenida. Muchas gracias a todas y a todos», decía.
«Gracias a mis médicos y después a mi razón de ser, que ya podéis imaginar quiénes son. Pero aquí no quiero personalizarlo en mí. Quiero mandar un mensaje especial para esas mujeres, madres y enfermas de cáncer con niños pequeños que no entienden nada y que aún no le puedes explicar porque su madre está ocho días en la cama tirada después de cada quimio, y a los 21 días lo mismo, y a los 21 días lo mismo. Y porque su madre no tiene energía, como las madres de sus compañeros», añadía sin poder evitar de nuevo emocionar al hablar de sus hijos.
«Y por qué, porque a veces no puedes, no puedes ni llevarles al colegio, ¿no? Entonces, esos niños que no preguntan nada pero lo saben todo. Mi cariño especial para esas madres valientes, esas madres coraje, que vais a poder ver a vuestros hijos crecer, como lo estoy haciendo yo, Martín y Lucas sois mi motor y mis ganas», proseguía.
El discurso lo cerraba con unas palabras de Murakami, que ahora tiene mucho más sentido que entonces: «Y una vez que la tormenta termine no recordarás cómo lo lograste, cómo sobreviviste, ni siquiera estarás seguro si la tormenta ha terminado realmente, pero una cosa si es segura, cuando salgas de esa tormenta, no serás la misma persona que entró en ella. Y de eso se trata la tormenta».