UN PROYECTO DE ALIMERKA

La clave está en adelantar parte del trabajo para que durante la semana solo tengas que combinar, completar y servir.

Septiembre recupera los horarios que durante el verano habían quedado aparcados, con la vuelta al colegio, las extraescolares, las actividades de la tarde y esos días en los que son casi las ocho cuando toca pensar qué preparar para cenar.

El batchcooking puede ayudarte a organizar esas semanas, y lo mejor es que no necesitas decidir el domingo lo que comerás exactamente el lunes, el martes o el miércoles.

La alternativa más flexible consiste en adelantar las preparaciones que requieren más tiempo y dejar para cada día las tareas que resuelves en pocos minutos. Así, en lugar de llenar la nevera con cinco menús cerrados, la llenas con una serie de bases que admiten distintas combinaciones.

Una nevera preparada para combinar

La organización empieza antes de cocinar, ya que revisar qué días serán más complicados te permite calcular cuántas comidas conviene adelantar y hacer la compra pensando en ingredientes que puedas aprovechar de varias formas.

Una bandeja de verduras asadas, por ejemplo, puede acompañar un plato de pollo y boniato, mezclarse con arroz o quinoa, o convertirse en una crema si la trituras con un poco de caldo. Algo parecido pasa con un pollo asado, que puedes servir recién hecho, desmigar para un bol de legumbres o guardar para un wrap.

La idea es aplicar el mismo criterio a los distintos grupos de alimentos, aprovechando que mientras el horno hace su trabajo con las verduras, el pollo o el boniato, puedes cocer arroz o quinoa, unos huevos, o dejar lista una boloñesa. En unas horas tendrás varias alternativas listas para combinar entre sí.

Cocinar así permite concentrar en un solo momento tareas que, de otro modo, tocaría repetir varios días, como lavar y cortar verduras, calentar el horno, cocer cereales o preparar salsas.

Las bases cambian, el menú también

Tener varias preparaciones listas no significa comer lo mismo toda la semana. Al trabajar con bases, un mismo ingrediente puede terminar en platos muy distintos.

Las verduras asadas valen para un arroz, unos garbanzos o una crema; la boloñesa funciona con pasta o como relleno; el pollo se combina con boniato, se añade a una ensalada templada o rellena unos tacos.

Incluso en los días que toque cocinar algo, el trabajo pendiente será mínimo, ya que hervir pasta, saltear garbanzos o montar un wrap lleva pocos minutos cuando el resto ya está preparado.

Así, el batchcooking deja de ser un menú semanal rígido para convertirse en una forma de repartir el trabajo de la cocina según el tiempo disponible.

Preparar también significa conservar

Cocinar con antelación exige prestar atención a la conservación, guardando en la nevera y en recipientes adecuados, una vez frío, lo que vayas a consumir en los próximos días, y congelando lo que no vayas a usar a corto plazo.

También conviene dividir las preparaciones en porciones según su uso, guardando por separado verduras, cereales, proteínas y salsas para poder combinar solo lo que necesitas, sin tener que descongelar o recalentar una preparación entera.

Organizar la semana no significa cocinarlo todo ni tener decidido cada plato, sino mirar la agenda, detectar los días más ocupados y adelantar las tareas que sabes que después ahorrarán tiempo.

La clave está en cocinar pensando menos en platos cerrados y más en posibilidades, ya que una bandeja de verduras al horno, un cereal cocido, una proteína preparada y algún acompañamiento pueden convertirse en varias comidas distintas.

Cuando las tardes vuelven a llenarse de horarios y extraescolares, tener la nevera preparada no evita tener que decidir qué cenar, pero hace que esa decisión sea mucho más fácil de resolver.