Campañas cruzadas


Coinciden estos días la campaña electoral y la  presentación de las declaraciones del IRPF que, al menos durante unas semanas, aumenta la sensibilidad ciudadana sobre la política, a pesar de la mezcla de resignación y escepticismo con la que los españoles afrontan las cuestiones relacionadas con los impuestos y las promesas que, al respecto, formulan las fuerzas políticas.

Afortunadamente, la complacencia social con el fraude, heredada del franquismo, va en descenso, aunque pervive la justificada convicción de que tanto nuestro sistema fiscal como los incumplimientos del mismo son injustos, probablemente porque cada vez es más evidente que en esta sociedad llena de desigualdades, también defrauda más quien más tiene: el 71% del monto global es obra de los patrimonios altos y las grandes fortunas, según el sindicato de técnicos de Hacienda (GESTHA). En nuestro país en cada ejercicio dejan de ingresarse 90.000 millones de euros, de los que, si desarrollasen iniciativas eficaces de lucha que situasen el fraude en el nivel medio de los Estados de nuestro interno, se recuperarían casi la mitad, que representa más que la suma de los recortes en sanidad y educación de las comunidades autónomas y del déficit de la Seguridad Social de 2016.

Una forma de pedagogía social al respecto es la proyección mediática de la persecución de los delitos fiscales cometidos por personajes con proyección pública. A finales de los años ochenta del siglo pasado se inició ésta práctica con el proceso a Lola Flores y su marido, que debieron pagar 28 millones de la época y bien pueden ser considerados precursores del crowfunding en nuestro país, dado que la Faraona solicitó una peseta a cada español para hacer frente a la deuda. En estos días los medios destacan que, a raíz de lo descubierto con la filtración de los papeles de Panamá, se han abierto diligencias penales por delito fiscal por importe de casi tres millones de euros contra los protagonistas de Cuéntame y cubren con gran amplitud el inicio del Juicio Oral contra Messi y su padre-representante por los más de cuatro millones defraudados al ocultar los ingresos producidos entre 2007 y 2009 por derechos de imagen. En este último caso es curioso que, al contrario de lo que defendió en el juicio a la infanta, la Abogacía del Estado no acepte que el futbolista pudiese ser ajeno a las decisiones que, a la hora de tributar, tomaba su padre en su nombre. Será cuestión de credibilidad.

Sin embargo, cuando acaba de iniciarse la campaña las propuestas más destacadas que se han avanzado por los candidatos dejan en segundo plano la cuestión del fraude, para abundar en los planteamientos tradicionales. La derecha recuperando la falacia de que el dinero está mejor en el bolsillo de los ciudadanos, como si todos tuviesen lo mismo, y por ello es necesario bajar los impuestos; y la izquierda, con mayor o menor credibilidad, reivindicando la progresividad que haga que pague más porcentualmente quien más tiene.

Así, Mariano Rajoy, olvidándose de hace pocos días se comprometió ante la Comisión Europea a reducir el déficit en ocho mil millones en dos años, insiste en que, si gana, aprobará una rebaja de dos puntos en el IRPF. Hay que recordar que según GESTHA el incremento del déficit en 2015 se debió precisamente a la reforma fiscal del PP que en 2015 se tradujo en una reducción de cuatro mil quinientos millones en la recaudación por el IRPF y en 1500 en la del de Sociedades, a la que habrá que sumar en 2016 otros tres mil millones por la aplicación de la segunda fase de la modificación del IRPF. Prevaliéndose, además, de su condición de Presidente en funciones ha dado instrucciones, al parecer, a la Agencia Tributaria para que agilice el pago de las devoluciones del Impuesto sobre la Renta para que lleguen a los electores antes del 26-J.

Albert Rivera, pretendiendo hacer un ejercicio de responsabilidad, afirma que su partido mantendrá tal como está el IRPF al menos durante un año, para plantear después una rebaja, mientras que el PSOE anuncia un incremento del gravamen de las rentas del capital y Unidos Podemos incrementar la presión sobre las rentas superiores a los 60.000 euros anuales.

Se cruzan así la campaña de la Renta y la campaña electoral, guardando aún la primera, desde hace años, otra campaña en su interior, en paralelismo lejano con el fenómeno del «teatro dentro del teatro» del drama isabelino o del de Cervantes y Lope. La Conferencia Episcopal lanza su propia iniciativa publicitaria en la prensa para convencer a los contribuyentes de que pongan la cruz en la casilla correspondiente de la declaración del IRPF, en esta ocasión con el lema Xtantos, esfuerzo que uno de sus más ilustres príncipes, el arzobispo de Valencia, seguramente ha convertido en baldío en apenas una semana dando rienda suelta a sus obsesiones. Si en la homilía de hace quince días cargaba «las acciones del imperio gay», esta semana declaraba que la ideología de género es la ideología más insidiosa y destructiva de la humanidad de toda la historia y llamaba a no obedecer la legislación que inspira y ello cuando, el trascurso del tiempo había logrado que se olvidasen sus consideraciones de hace un año respecto a que los refugiados acogidos en Europa eran un caballo de Troya. Menuda cruz.

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