Heteropatriarcado


Redacción

«La primera de todas las fuerzas que mueven el mundo es la mentira». Jean-Francois Revel fue un intelectual francés que fustigó durante décadas las mentiras de la izquierda en un país como el suyo en el que el imperio ideológico de ésta alcanzó cotas de agobio. Personajes como Sartre eran capaces de visitar la Unión Soviética y volver vírgenes como ninfas ingenuas a pontificar en los cafés entre croissant y café au lait mientras en los gulag se ponía el cartel de completo. El estrabismo no era sólo físico.

Entonces, decía, con la sola mentira se construían teorías exculpatorias o acusatorias. Era suficiente. Hoy, a la mentira, para que sea más eficaz, hay que añadirle la manipulación y un puntito de ignorancia propia para que el mejunje salga en su punto de cocción. Y eso es lo que ha hecho el candidato a diputado Alberto Garzón para explicar las razones de la matanza en un club gay de Orlando por un fanático islamista: todo se debe al «heteropatriarcado». Yo creo que él sabe lo que es hetero, pero dudo que conozca el significado de la palabra patriarca. En fin, no es lo mollar del asunto, porque sólo dos días después del criminal atentando terrorista, nos enteramos de que el asesino frecuentaba el citado club y tenía una aplicación en su móvil de contactos homosexuales. Vamos, en román paladino para que Garzón se entere: Omar Mateen era homosexual, dicho por sus propios amigos.

Que un islamista radical cometa su crimen en un club gay no quiere decir que se trate de un atentado homófobo, sino que es un atentado provocado por el islamismo, que, entre otras cuestiones, condena la homosexualidad. Porque según los argumentos de Garzón y compañía, el atentado contra la revista Charlie Hebdo fue contra el humor y el de la discoteca Bataclan lo fue contra la música rock, y no, como en realidad ocurrió, contra cualquier ejercicio de libertad. Miremos el dedo, obviemos la luna, y entonces votemos a aquellos que más se alejan de la realidad diciendo majaderías. Garzón va en cabeza.

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