Unión Europea, a pesar de todo

OPINIÓN

05 jul 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

A raíz del asesinato de la diputada laborista, Jo Cox, a manos de un ultraderechista en Birstall, para algunos un simple loco, o eso es lo que pretenden que creamos. La muerte de esta activista por los derechos humanos y partidaria de seguir en la UE, puso en evidencia  lo que muchos británicos venían advirtiendo sobre una campaña sucia, como nunca habían visto. Acompañada de un despliegue de patriotismo y ultranacionalismo de estado, amenizado de un argumento xenófobo y racista. Ahora, con los resultados del Brexit estallando como una bomba en el rostro contrariado y transpuesto de la UE, me pregunto si habrán sacado alguna reflexión al respecto que incluya la autocrítica de una vez por todas.

Me temo, que ciertos partidos ya han rentabilizado el Brexit, a juzgar por los resultados de las elecciones en nuestro país. Ahora es lo que se lleva, campaña del miedo allí, aquí y dónde manden los poderes fácticos. Claro que esa estrategia no es infalible, a veces falla contra todo pronóstico, y resulta que a la muy Gran Bretaña le sale la vena imperialista, la de sangre azul y peluca que tras de sí arrastra a sus súbditos incondicionales, tan fáciles de convencer  como feroces en atemorizar a supuestos adversarios. Dicen que a tres días del resultado del Brexit, se registraron en distintos puntos del país numerosos episodios de xenofobia contra personas de distinta procedencia, incluso con ingleses que, para algunos  energúmenos, no se ajustaban a los rasgos físicos según unos cánones establecidos en sus mentes perversas. Europa es un polvorín que revela su fragilidad y al mismo tiempo lanza a las calles a sus peores monstruos. Estar a favor de la UE no quiere decir abrazar o tolerar todo lo que nos imponga, precisamente es más necesario que nunca una autocrítica sin reservas. Esa UE a dos velocidades, con doble vara de medir dependiendo de si la brújula marca al norte o al sur. Quién no recuerda la chulería, el desdén con el que se les invitaba a los griegos a salirse del club. Por el contrario, Gran Bretaña es otra cosa, un socio caprichoso, sí, siempre intentando un trato de favor, pero uno de los grandes al fin y al cabo, un socio rico al que se le toleraba porque, ya se sabe, el club sólo tiene ojos para el mercado bursátil. Por eso el referéndum y el resultado de salir de la UE, está haciendo tanta pupa. Pero no nos rasguemos las vestiduras, la  UE  está llevando a cabo unas políticas que favorecen e implementan gobiernos de derecha y extrema derecha que resucitan todos los males de nuestra historia. Y lo peor de todo es que han aprendido a camuflarse bien entre nosotros, lo mismo dan conferencias sobre economía que lideran partidos políticos que se  sustentan sobre estructuras de cartón piedra. Otros, por el contrario, se escudan en el amplio recorrido histórico para vendernos quimeras. Lo cierto es que unos y otros, aman al mercado por encima de toda las cosas, y nos mandan vía adjunto, sus cabezas pensantes, intentando fabricar un discurso que haga tolerable esa máxima expresión que tanto les gusta: «El hombre es un lobo para el hombre» cómo sino justificar ese mercadeo con la vida de los otros.

La UE tendrá que aspirar a algo más que ser un club de negocios, volver la mirada hacia aquel espíritu europeo que emanaba de gente como Sicco Mansholt, uno de los padres de la unión; primer Comisario Europeo de Agricultura que tenía muy claro que había que garantizar la oferta de alimentos asequibles a todos los ciudadanos. Resulta paradójico que a sesenta años de distancia, la desigualdad es una brecha gigantesca y hoy, en países de la UE, la pobreza empieza a ser hereditaria y el hambre una realidad palpable.