La guerra de las noticias falsas


Con la de palabras hermosas que tenemos, lo vamos a resumir ahora todo con la posverdad. Los resultados de las elecciones no salen como algunos querrían que saliesen y lo aclaramos con ese término tan confuso que es la posverdad, algo así como que no hacemos caso de los hechos objetivos y votamos con las emociones y con una borrachera de noticias verdaderas y noticias falsas, todo en el mismo cóctel. Pero el problema no lo tienen los medios de comunicación serios. Los medios que todavía invierten y se gastan mucho dinero en emplear a profesionales honestos y veraces para intentar comprobar las noticias. El sistema está viciado. Claro que lo está. Pero pongamos un ejemplo para ver bien las grietas: las recientes elecciones en Estados Unidos y la victoria de Trump. Las mismas que le han llevado a Mark Zuckerberg a declarar «la guerra a las noticias falsas». En su red social, Facebook, durante la campaña, se publicaron noticias coladas de forma interesada por grupos de presión que no hubiesen podido mantener un mínimo careo con la verdad. Y así la montaña rusa, nunca mejor dicho lo de rusa, a favor de Trump, fue creciendo. El papa Francisco respalda a Trump. Los Clinton se gastaron 200 millones en una mansión en las Maldivas. Y la espiral de noticias falsas siguió creciendo, con su aliento apestoso. La Fundación Clinton compró armas ilegalmente por valor de 137 millones de dólares. Es el problema de esa cascada instantánea de Internet. Esa carrera por caerse en primer lugar por el precipicio. Según un estudio, Facebook es la primera fuente de información para el 44 por ciento de los estadounidenses. Así, cuando apareció que hasta Denzel Washington apoyaba a Trump, la gente también se lo tragó. El mal no está en las nuevas redes, que son útiles para muchas cosas. El mal está en no comprobar quién firma esa información, que se multiplica en el eco de Internet, y quién la avala. Hay que buscar, comparar y acudir siempre a las marcas fiables, tal y como hacemos para alimentarnos. Porque cuando leemos, estamos alimentando la parte más importante de nuestro cuerpo: el cerebro.

La guerra de las noticias falsas