Indefensos en el supermercado

OPINIÓN

10 dic 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

¿Qué tiene hacer la compra que nos convierte en seres indefensos? Yo me enfrenté por primera vez a este reto cuando fui a vivir a Italia. Sola en el supermercado. El supermercado y yo. ¿Y ahora, qué? Llevaba toda la vida acompañando a mi madre, a mi abuela, a mi padre (¡a todo el mundo!) y de repente me vi en la soledad de los pasillos sin saber hacia donde dirigirme. Volví a casa con muchas bolsas, sí, pero todas llenas de cosas que no necesitaba.

Recuerdo que en primero de carrera llamé a mi madre indignada porque un paquete de jabón de lavadora costaba 14€. Mi madre me respondió «hija, ¿cuánto creías que costaba?» Y así fue como me di cuenta de que nunca me había fijado en el precio de las cosas. Esa historia quedó como anécdota ideal para que mi madre se la contase a sus amigas y a mi me sirvió como lección para la nueva vida que me esperaba.

Pronto fui aprendiendo a hacer los recados con orden y concierto así como fui entendiendo el porqué de algunas conductas de los consumidores y de los propios encargados de marketing de los supermercados. Entre otras, cómo colocan los huevos Kinder al lado de la caja para que el típico niño pesado amargue a su madre hasta que se lo compre, compartiendo espacio con las maquinillas de afeitar con el objetivo de que los más despistados no se olviden de tener una cara suave como el culo de un bebé.