El mambo era esto


El mambo que anunciaba la CUP empieza ahora, pero se bailará con una pieza diferente a la prevista. Igual que Anna Gabriel tuvo que improvisar un discurso, y tirar a la papelera el que había preparado para alumbrar el advenimiento de la república catalana, el mambo que al final se bailará no será entre los chavales de la kale borroka cupera y la Guardia Civil. Será entre indepes, que se destrozarán entre ellos, porque el Gobierno de la Generalitat se resquebraja y todo el mundo ha empezado ya a preparar las siguientes elecciones.

El nacionalismo catalán, travestido de un tiempo a esta parte en un independentismo que no se creen ni ellos, siempre ha jugado al trilerismo político. Lo llaman astucia. Pero en realidad es decir una cosa y hacer la contraria, retorcer las palabras, saltarse las leyes e inventar símbolos ridículos (el último, el sainete de los diputados en un salón de actos, firmando una declaración de independencia en papel mojado). En definitiva, seguir instalados en un negocio muy rentable: la ensoñación imposible de una Cataluña disfrazada de Dinamarca con sol, aceptada en la UE y vecina amistosa de lo que quede de España.

Esa ensoñación, Cataluña Indepe S.A., que genera más empleo que la SEAT, La Caixa y el Sabadell juntos, se ha topado con el inesperado muro de la realidad: a la hora de la verdad se ha demostrado que no es posible una república catalana sin tejido empresarial y financiero, con la mitad de la población en contra y el resto de España movilizada, y con el apoyo internacional de Julian Assange.

En el fondo, a Junqueras y Puigdemont eso les da igual. Por eso siguen en una huida hacia adelante, porque lo importante es que la empresa siga pagando las nóminas todo el tiempo que sea posible. Pero esta vez parece que no va a colar. El servicio de atención al cliente echa humo y ya han empezado en Consumo las reclamaciones por estafa. La declaración de independencia interruptus fue un jarro de agua fría para la mayor parte de ese tejido social que dice tener detrás, y la CUP ya ha anunciado que hasta que no haya república independiente no vuelve al Parlament. O lo que es lo mismo, que la estabilidad parlamentaria está herida de muerte y Puigdemont es un cadáver político.

La papeleta que tiene ante sí Rajoy no es sencilla, ni siquiera ahora que sabemos que no habrá independencia hoy ni dentro de seis meses. La esperanza vana en el mundo indepe es que el Gobierno central mida mal la respuesta, meta la pata y vuelva a coser lo que Puigdemont ha hecho jirones. Cualquier paso que dé hoy el Gobierno debería ir encaminado a que esa brecha abierta ayer no se vuelva a cerrar.

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