El éxito de Portugal


Portugal va muy bien con el socialista Antonio Costa de presidente y el apoyo externo y puntual de la versión local de Podemos, de los comunistas y los verdes. En dos años le ha dado la vuelta al austericidio impuesto por Fondo Monetario Internacional, Banco Central Europeo y Comisión Europea y hoy crece a buen ritmo, invierte y recibe las felicitaciones de los fiscalizadores. El milagro se ha producido con una receta más próxima a los criterios de keynesianos que a las exigencias draconianas de la troika.

Como España, se ve favorecida por los vientos de cola pero los ha aprovechado mejor con este gobierno que tiene sensibilidad para la educación, la sanidad, el paro y los salarios. Ha mejorado en todo salvo en la deuda pública que sigue siendo muy alta, porcentualmente por encima de la española. Y ha fracasado rotundamente en el control de los incendios hasta el extremo de que ha dimitido su ministra del Interior y se ha producido un enfriamiento en las relaciones entre el presidente, el conservador y muy popular Marcelo Rabelo de Sousa, y el primer ministro.

Portugal tan próximo y tan lejano para los españoles es un descubrimiento y debería ser una apuesta permanente de nuestra política exterior. La afinidad entre los dos países es mayor que entre algunas regiones españoles y no hace falta citar a ninguna. Sin necesidad de introducirnos en el siempre peligroso ámbito de la soberanía las posibilidades de acercamiento y colaboración son infinitas y apenas exploradas por las autoridades. Hay una asociación que persigue, con más entusiasmo que éxito, mantener vivo el iberismo, idea nada descabellada. El 78 por ciento de los portugueses apoyaba en 2016 una posible unión política entre España y Portugal. Casi nada.

Cualquier impulso en esa dirección, sin nacionalismos, adoctrinamientos ni supremacismos, sería una gran noticia. Rajoy, que es de Pontevedra, debería saber bien que Portugal ya no es un lugar al que ir a comprar toallas, muebles y menaje de cocina. Y a comer bacalao. Al otro lado del Miño hay un país moderno, emprendedor, educado y que hasta ha ganado la Eurocopa y Eurovisión.  

Frente al inacabable flagelo catalán los españoles tenemos que mirar soluciones abiertas, inspiradoras, grandes y Portugal nos haría mejores. Nos enriqueceríamos los dos.El á

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