Las cábalas de Puigdemont


Cuando Marta Pascal y Artur Mas viajaron por primera vez a Bruselas para reunirse con Puigdemont (las malas lenguas dicen que fueron en persona porque no les cogía el teléfono), el presidente huido hizo una quiniela que de momento se va cumpliendo: «Sin mí os hundís, conmigo al frente del PDECat sacamos 20 diputados, y si me dejáis hacer la lista podemos ganar». Lo desveló ayer en La Sexta el cronista de La Vanguardia Enric Juliana. Para evitar ese hundimiento, Convergència entregó el poco capital político que le quedaba. Pascal, su coordinadora general, no se presenta a las elecciones ni participa en ninguna decisión de campaña. La sala de máquinas la maneja desde Bruselas Elsa Artadi, una doctora en Economía por Harvard, mano derecha de Puigdemont en los últimos dos años, que acaba de romper el carné de Convergència apelando a motivos personales y que le explica a todo aquel que la quiere escuchar que su antiguo partido no se presenta el 21D.

Y ahora empezamos a ver que Puigdemont no apuntaba mal con sus vaticinios. El CIS del lunes ya pone «la lista del president» en la senda de los 30 diputados. Es decir, de ese empate a 30 con ERC que enloquece a Junqueras y podría darle la victoria a Arrimadas con 32 o 34.

Puigdemont sueña con poner al Estado español ante la tesitura de tener que encarcelar a un presidente electo, aunque en su hoja de ruta se ha cruzado la estrategia procesal del juez Llarena, que en la práctica lo aboca a quedarse a vivir en Bruselas o entregarse en las puertas de la cárcel de Estremera.

Con todo, la actualidad carcelaria está pesando menos de lo esperado en este arranque de campaña, sobre todo porque los indepes siguen cabreadísimos con Pablo Iglesias, que el domingo aterrizó en San Adrián del Besós, los acusó de despertar los fantasmas del fascismo y se volvió en el AVE tan ancho. Estos desembarcos desde Madrid con frases ingeniosas no gustan en Cataluña, sea cual sea la ideología, pero muchas veces se quedan en tormentas pasajeras. En este caso no va a ser así. El mundo indepe jamás le perdonará a Iglesias esta acusación, que involuntariamente ha saboteado la campaña de Domènech y Colau.

Quien debe de estar pescando en este río revuelto es Iceta. Hay mucha gente con simpatías nacionalistas, especialmente familias con hijos e hipoteca, que pueden tener serias reservas en encargar los próximos cuatro años a un tipo tan poco fiable como Puigdemont o a una candidata con tan poco recorrido como Rovira. Para estos casos, Iceta es una alternativa a quedarse en casa. Felipe González utilizó ayer una metáfora comprensible por todos los públicos para referirse al candidato del PSC: «Es el Messi de la política catalana, solo le falta mirar un poco más a puerta». Felipe es bético y no tiene presente a Butragueño, de quien Valdano decía que habría sido el mejor jugador del mundo si en el fútbol no existieran las porterías. Habrá que esperar para ver si Iceta se decide a chutar a gol o se sigue regateando a sí mismo.

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