La era de la posverdad o de la burremia colectiva

Tomás García Morán
Tomás García Morán LEJANO OESTE

OPINIÓN

Marta Pérez | EFE

24 dic 2017 . Actualizado a las 08:12 h.

A las 6.30 horas del 24 de junio del 2014, cuando muchos británicos aún no sabían que el Reino Unido acababa de votar brexit, Susanna Reid, presentadora del programa Good Morning Britain, le preguntó al líder eurófobo Nigel Farage si podía garantizar la principal promesa de la campaña. Es decir, si los 350 millones de libras que supuestamente Londres enviaba cada semana a la UE serían efectivamente reinvertidos en el sistema de salud británico. No habían pasado doce horas del cierre de los colegios y Farage no se ruborizó al contestar que no podía prometerlo, porque ese dato, «uno más de la propaganda electoral», había sido «uno de los errores» de la campaña del leave.

Año y medio después, Theresa May ha regresado a Londres tras bajarse los pantalones en Bruselas y asumir un brexit cosmético, que pondrá el foco en los símbolos, pero que garantizará la continuidad de los asuntos esenciales. Es decir, que evitará la ruina de la isla. Y aun así, la mayoría del brexit sigue declarando que volvería a hacerlo. Hemos bautizado esta era como la de la posverdad, cuando en verdad es la de la burremia colectiva.

Después de la república fallida, el independentismo catalán hizo un brevísimo acto de contrición. Duró apenas tres días, pero sirvió para admitir que la vía unilateral es imposible (Anna Simó), que no hay mayoría social suficiente (Joan Tardà), que no estaban preparados (Clara Ponsatí)... Hasta Puigdemont desde su retiro belga dijo que quizás había soluciones alternativas a la independencia. Y entonces llegó Marta Rovira, teledirigida desde Estremera, y lanzó el improperio de los muertos. Ya estaba bien de tanta autoflagelación.

Ayer, en RAC1 le preguntaron a Elsa Artadi, musa de Puigdemont y cerebro de su estrategia, qué tiene pensado hacer para traer al president de vuelta. JxCat se presentó a las elecciones con tres puntos en su programa: derogar el 155 (esto es de cajón, ocurrirá en cuanto un nuevo Gobierno tome posesión), sacar a los presos de la cárcel y restituir el Gobierno legítimo. Puigdemont llegó a decir que si ganaba entraría en el Palacio de la Generalitat con Junqueras de la mano. En su respuesta, Artadi emuló a Farage: «No sabemos cómo lo haremos». Necesitan «un poco de tiempo». El abogado de Puigdemont recordó ayer que en el año 2037 el delito prescribe. 

Cataluña Indepe S. A. es un negocio formidable que recuerda al de Madrid 2020. El objetivo no era conseguir las olimpiadas, sino mantener vivo el espíritu olímpico de perseguir el sueño. Es decir, lo que quieren Puigdemont, Artadi y compañía es recuperar el presupuesto de la Generalitat y los cargos de confianza de 100.000 euros anuales.

Para que los brexiters catalanes sigan entretenidos, el debate de los próximos días será qué símbolo tiene más fuerza: si un presidente que vuelve para ser encarcelado o un presidente en el exilio. No sé por qué me temo que a Puigdemont le va a parecer más atractiva la opción segunda.