No tire su «viejo» televisor


El Consumer Electronic Show (CES) de Las Vegas es probablemente la mayor feria de tecnología del mundo. Las cifras de la próxima edición, que se inaugurará el 9 de enero, hablan por sí solas: 184.000 asistentes, más de 4.000 empresas participantes y 1.200 conferenciantes convierten este evento, que este año cumple medio siglo de vida, en el gran escaparate de la electrónica de consumo. Es la cita en la que las compañías muestran los productos más innovadores y las tendencias que va a imponer la industria, y, como siempre, las televisiones serán uno de los dispositivos estrella.

Algunas marcas, como LG, ya han hecho un avance de lo que van a llevar al CES y esta misma semana ha presentado una pantalla de 88 pulgadas con resolución 8K. La firma coreana es el principal fabricante de paneles LCD, pero desde hace unos años su gran apuesta es la tecnología OLED, que su gran rival Samsung intentó contrarrestar el año pasado lanzando los televisores QLED. Parecen lo mismo (y probablemente lleven a confusión a muchas personas), pero no lo son.

Los OLED (organic light-emitting diode) tienen una película de componentes orgánicos que reaccionan a la estimulación eléctrica, emitiendo luz por sí mismos y encendiéndose y apagándose en función de las imágenes que se muestran. Los puntos están repartidos por toda la pantalla y pueden hacer que zonas de esta se vean completamente oscuras; es decir, pueden representar el «negro auténtico», considerado el summum de la calidad de imagen.

Frente a ellos, los nuevos QLED incorporan la tecnología Quantum Dot, con avances en la eficiencia de la luz y la estabilidad, así como un espectro de color más amplio. La iluminación se hace como en los LED tradicionales (diodos situados en el marco o por detrás), pero las pantallas incorporan unas nanopartículas metálicas que, según Samsung, «resuelven los grandes aspectos que afectan a la calidad de imagen, incluyendo el ángulo de visión, el volumen de color, el brillo y el alto contraste».

Abandonados los experimentos como el 3D, que no acabó de cuajar por la escasa oferta de contenidos y la molestia de tener que ponerse unas incómodas gafas para disfrutar de las tres dimensiones, la guerra de los televisores se libra en torno a la fidelidad del color, el nivel de detalle y la resolución. Y algunos medios han aprovechado el anuncio de LG para bendecir el 8K y dar por finiquitado el 4K. Debemos, dicen, deshacernos de nuestro televisor actual porque se ha quedado obsoleto, anacrónico, y le han puesto incluso fecha de caducidad: 2020. En esa fecha se celebran los Juegos Olímpicos de Tokio, que serán retransmitidos en 8K.

No lo hagan, no tiren su viejo aparato. Ni siquiera si es un humilde Full HD (el 8K cuadriplica su resolución), o si no es un smart TV. Hoy hay soluciones para convertir en inteligente cualquier receptor con entradas HDMI (e incluso sin ellas: hay adaptadores), como el Chromecast, el Apple TV o el Fire TV Stick de Amazon. La mayoría de las cadenas emiten aún en 720p y aunque hay series y películas disponibles en 4K, no puede considerarse un estándar. Todavía no ha explotado esta tecnología y ya quieren vendernos otra.

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