¿Dónde estás, José María?


¿Dónde estás, José María? ¿Se te ha tragado la tierra? No me digas que precisamente esto es lo único sobre lo que no tienes opinión. Es muy sano no tener opinión. Y más aún no darla sobre cualquier asunto a la primera de cambio. En el país que inventó el cuñadismo, el «se veía venir» y el «ya te lo decía yo», a veces el silencio es la novena sinfonía de Beethoven. Pero en este caso, José María, tu silencio está resultando atronador.

¿De verdad no tienes nada que decir sobre la foto que se repite estos días los periódicos y las redes sociales, con la orla de tus consejos de ministros que parece la lista de los más buscados por el FBI?

Los chavales jóvenes no tienen ni idea de cómo llegaste a la primera línea de la política, tras un ataque furibundo al socialista Demetrio Madrid, que en un gesto inédito dejó la presidencia de Castilla y León para defenderse en un juicio menor del que posteriormente salió absuelto. O cómo tensaste la política española entre 1993 y 1996 para sacar a Felipe de La Moncloa, «váyase, señor González», en un período que quedó para la historia como los años de la crispación. Las trifulcas de hoy en día de Hernando, Montero y Rufián son el juego de la oca comparado con el ambiente parlamentario de aquellos años.

Llegaste al poder como el Cristiano Ronaldo de la política (y eso que aún no le habías copiado la tableta de chocolate). No le caías bien a casi nadie, pero a ti te daba igual, porque tenías una misión. Limpiar el país (ya se sabe que los políticos de derechas no necesitan robar, porque ya vienen forrados de casa), modernizar su economía e irte para casa.

Precisamente esa cuerda que tú solito te echaste al cuello, prometiendo ocho años como máximo, es la que te ha acabado de agriar el carácter. Si como presidente te parecías más a tu guiñol que a ti mismo, como expresidente te has convertido en alguien que habla desde una atalaya moral, que se cree que camina por encima de las aguas, aunque, mirando tus huellas, tu legado, se ve que en realidad avanzabas sobre el fango.

En el fondo piensas, como todos los políticos de tu generación que surfearon la gran ola del ciclo económico expansivo (Clinton, Blair), que todo lo que va mal (Trump, brexit, Cataluña) se debe a que tú ya no estás. Y que todo se arreglaría si los tuyos se tragaran su orgullo y te pidieran que volvieras a coger las riendas.

¿De verdad piensas que todo lo que ocurre en la política española no tiene nada que ver contigo? El Parlamento hecho añicos, la mitad de Cataluña odiando a España sin complejos, el país pagando todavía la factura de la burbuja…

¿En serio te vas a seguir haciendo el sueco, queriendo hacernos creer que había que ser Sherlock Holmes para olerse lo de Zaplana?

PD. En recuerdo de Alfredo Vara, el Preguntón, amigo y compañero, predicó con el ejemplo la lección número uno del periodismo: si se hace una pregunta hay que quedarse a escuchar la respuesta. Parece de cajón, pero es una práctica en desuso. Y más que lo será sin Alfredo.

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