Alberto, aparta de ti ese cáliz

Roberto Vilar ya le recordó a Feijóo hace dos años que la fórmula del éxito en Galicia no siempre funciona más allá del Padornelo, aunque él mismo haya reincidido. El presidente de la Xunta ha pedido unos días para meditar la decisión más difícil de su vida

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Cuando Roberto Vilar preguntó a Feijoo por «Madrí» La pregunta, planteada tras revalidar en las autonómicas su tercera mayoría absoluta, pretendía sonsacar al presidente de la Xunta si su futuro estaba, o no, en Madrid. Sin embargo no hubo manera de conseguir la respuesta. Lo que sobró fue humor.

En septiembre del 2016, Alberto Núñez Feijoo era el campeón del mundo. Mientras España caminaba hacia las terceras elecciones en un año (aún no se había producido el golpe de Ferraz), el presidente de la Xunta se acababa de apuntar su tercera mayoría absoluta y acababa de anunciar su inminente paternidad, oficializando su relación con la brillante ejecutiva gallega Eva Cárdenas. Utilizando la terminología de Pep Guardiola, el puto amo. 

El 29 de septiembre, cuatro días después del éxito electoral, Feijoo fue entrevistado por Roberto Vilar en TVG. El programa tenía el morbillo de escuchar al ingenioso cómico metiéndole el dedo en la llaga a su jefe y el momento álgido llegó cuando Vilar le preguntó por su posible salto a la política nacional:

-Vai ir a Madrid?

-Estiven o luns pasado en Antena 3.

-Pois voulle dicir unha cousa. Eu fun, en concreto a Telecinco, e dinme unha hostia criminal. Eu era aquí o rei, fun de campión do mundo, pagáronme unha cantidade de cartos tremenda e non me deu tempo nin a levalos a Panamá.

Es muy probable que Feijoo se haya acordado de esta conversación esta semana. Entre otras cosas porque, contra su propio consejo, Vilar ha regresado hace poco a Madrid, esta vez a Antena 3, y se ha vuelto a demostrar que su fórmula del éxito no funciona más allá del Padornelo.

Feijoo debe de tener la cabeza como un bombo, debe de estar valorando un montón de factores políticos y personales, y en su petición a los periodistas para que no le persigan por toda Galicia preguntándole lo mismo, se intuye casi una súplica para que le dejen reflexionar en soledad sobre la decisión más importante de su vida. Una soledad imposible, porque la lista de consejeros que le están recomendando dar el salto no debe de ser menor que el grupo de seres queridos que le están diciendo: «Alberto, aparta de ti ese cáliz».

La política cada vez es menos predecible, pero el viacrucis del sucesor de Rajoy ya tiene unas cuantas estaciones fijadas. Si la primera sentencia de la Gürtel ha acabado de forma abrupta con la carrera política de Rajoy, no es fácil imaginar el cráter que provocarán las siete piezas que faltan por juzgar. El sustituto liderará además un partido que ha perdido muchísimo poder institucional y mediático, con los graneros de Valencia y Madrid agujereados, irrelevante en Cataluña, y con el fantasma de Aznar y los federicos haciendo todo lo posible para que la bandera de España la lleve Rivera.

Con todo, seguro que lo que más atormenta a Feijoo es la oportunidad perdida. Lo que han hecho Pedro Sánchez e Iván Redondo lo podía haber hecho Mariano o, si no tenía el cuerpo para farolillos, le podía haber dejado paso a Alberto. Porque si algo ha quedado claro en una semana es que la mayor parte de la población, incluida mucha gente conservadora y muchos jóvenes que habían abandonado a PP y PSOE, se han ilusionado con el primer Gobierno moderno, cosmopolita, políglota y diverso. Pero Mariano prefirió dejarse robar esa cartera y ahora es tarde para el PP.

Qué moral hay que tener para coger ese cáliz, con lo bien que se vive en Galicia.

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