Dios, el Aquarius y una almohada homicida

OPINIÓN

19 jun 2018 . Actualizado a las 05:00 h.

El Jesús de Getsemaní ruega a sus discípulos que lo protejan de Dios. «Velad conmigo», les suplica. Ellos, sin embargo, sucumben al sueño y él se queda entre los olivos nocturnos, a solas con los grillos y las estrellas. Sabe que ha llegado la hora. La lucha será a muerte. Pero ¿cómo defenderse de ese Dios que habita en los severos rollos de la Torá y no en las lágrimas del hombre?

Cada vez más angustiado, Jesús de Nazaret, un palestino andarín de barbas navegables, un don Quijote pasado por Eurípides, se oculta bajo la copa de un olivo y se aprieta contra las piedras como contra las faldas de una madre. Está aterrado. Un sudor frío le suelda el pelo greñudo a la frente. La boca es un grito de polvo y las manos, garras arañando la tierra para escapar del cielo.

Pero la tierra está dura y Dios calla. Y en ese silencio ya están contenidos Auschwitz y el gulag, la trata de seres humanos y los miles de suicidios debidos a la crisis económica, el secesionismo catalán y el cambio climático, Wall Street y Kim Jong-un, el Estado Islámico y la explotación infantil, Amazon y los misiles nucleares, Trump y Maduro, la deforestación y los neofascismos europeos, Monsanto y la negritud minuciosa del Aquarius.