El placer de tocar


No soy una apocalíptica. No lo soy en nada. Ni la cultura de masas ni la globalización son malas, mientras sean analizadas con espíritu crítico. Pero del mismo modo también tengo fe en la selección natural de Darwin aplicada a cualquier sector. El desembarco de la tecnología en nuestro día a día ha acelerado los tiempos de esta nueva revolución 5.0 que algunos ven con el temor de que la tradición quede diluida bajo la sombra de lo moderno. Esa era la inquietud que manifestaba durante los primeros días de julio, período del tradicional comienzo de las rebajas, la dependienta de un comercio textil que veía, aterrorizada, como sus días tras el mostrador estaban contados por la irrupción imparable del comercio on-line. En España representa el 4 % de las ventas totales del retail textil de empresas locales, aunque su incremento se ha disparado en el último año. Pero como dije no soy apocalíptica e invito a que respondan a dos preguntas. ¿Observan un futuro con ciudades deshumanizadas en las que no haya escaparates para los que mirar? ¿Creen que el mundo virtual al que nos ha transportado Internet con el apoyo de plataformas como Facebook, WhatsApp, Telegram o Twitter va a lograr que dejemos de apreciar el tacto de un buen algodón? La dependienta puede estar tranquila, no relajada. Hay que subirse a la revolución, pero no obviando que el placer está en tocar.

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