Ciudad Residencial de Perlora, ¡una vergüenza!


Las administraciones están obligadas a ser eficientes en la gestión de los recursos públicos; más aún, los servicios que ofrecen al ciudadano han de ser «modélicos» y estar presididos por criterios de calidad y solvencia, capaces de hacernos sentir orgullosos de su disfrute.

La Ciudad Residencial de Perlora, a cuyo recinto acuden cada periodo vacacional miles de visitantes que provienen de toda España, dispone de una potencialidad natural enorme, consecuencia de la centralidad geográfica y su fachada litoral privilegiada; a pesar de lo cual se ha convertido en el paradigma del abandono absoluto, una carta de presentación malsana y vergonzante, radicada en el corazón de Asturias.

Han sido diversos los intentos para reorientar es deplorable situación, tantos como los fracasos cosechados; soluciones parciales que el tiempo ha convertido en problemas añadidos, adicionando estructuras que han entrado en absoluto desuso y cuyo deterioro, sumado al conjunto, amenaza de forma grave la seguridad y atenta contra las condiciones higiénicas de quienes acceden al recinto.

Urge actuar sobre este espacio de uso público; derribando las decenas de construcciones existentes, en estado ruinoso (excepto las vinculadas a la actividad hostelera y las de uso higiénico), procediendo al saneamiento y podado de la masa arbolea, eliminando los restos de elementos ornamentales y de ajardinamiento, hoy asilvestrados. En definitiva, recuperando de forma integral el entorno medioambiental de un espacio único.

Perlora clama por ser un «espacio natural» que dignifique la oferta turística de Asturias, debiendo comprometerse en su gestión futura todas las administraciones, lideradas por el Principado de Asturias, diseñando y haciendo viable un proyecto de turismo social de naturaleza pública, de calidad y generador de empleo.

Tienen ustedes tarea, antes de que ocurra una desgracia, aún mayor que la imagen deplorable que durante los últimos años estamos ofreciendo a los visitantes por la falta de ideas e iniciativas; en definitiva, por la carencia de un «talento y compromiso» que a los responsables políticos se les supone.

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