Vox no es hija del PP


Estaba tardando ya mucho en España ese fenómeno tenebroso del resurgimiento de la extrema derecha actual, distinta de la nostálgica de Falange y demás calderilla. Tal vez porque los efectos de la vacuna franquista caducan ahora, tal vez porque siempre estuvo ahí, más o menos camuflada bajo la capa democristiana, esperando el momento de cultivo propicio. Lo cierto es que las elecciones andaluzas demuestran que ha llegado para quedarse, veremos si con mucho o poco alcance. Sin embargo, disiento de la mayoría de mis colegas columnistas en dos aspectos fundamentales de la cosa: en primer lugar, el análisis autocompasivo de la izquierda en general es que sus votantes se quedaron en casa. Y esto, en mi opinión, es gravemente erróneo. El fascismo es un fenómeno transversal; es más, siempre se ha apoyado más en masas trabajadoras desfavorecidas donde se supone que la izquierda impera. El ejemplo clarísimo está en El Ejido, donde Vox tuvo sus mejores resultados en las andaluzas. No creo que todo el pueblo sea de señoritos andaluces: por el contrario hay una mayoría de obreros que odia y teme la inmigración porque sufre directa o imaginariamente los problemas de convivencia que esta genera.

Cierto que, como dije antes, una parte del electorado de Vox ha emigrado de lo peor del PP: la derechona no ilustrada, que sólo entiende planteamientos simplistas, eslóganes garrulos y otras mandangas clericales de manual. De hecho, el tal Santiago Abascal, un tipo sin oficio ni beneficio que ha vivido de la política desde los 18 años, militó en el PP con distintos carguillos y un gran chollo creado por Esperanza Aguirre o quien fuera hasta que se aburrió y decidió salirse por la tangente. Eso es la dirigencia de Vox, pero no su masa electoral. Con toda la náusea que provoque, la democracia consiste en entender y respetar a un partido al que han votado más de 380.000 andaluces, y no despacharlo en un análisis rápido como un mero satélite del PP. No es así, y si el PSOE y en especial Podemos no hacen la lectura correcta, el fenómeno crecerá en la medida en que los separatismos generen más tensión y desigualdad en el Estado. El planteamiento de Abascal es muy básico. Acabar con las autonomías, recentralizar todo y volver, como dicen, a la «reconquista» del Estado. Mucha gente que no profundiza en esta historia se cree que los ministerios son la solución a todos los males. No recuerdan que una administración central totalitaria era muy lejana para los ciudadanos en la gestión de infinidad de asuntos cotidianos, que se había convertido en una burocracia gigantesca y esclerotizada que tardaba meses o años en resolver asuntos que los gobiernos regionales afrontan en pocos días. De acuerdo en que algunas transferencias se hicieron rápido, mal y sin presupuesto: esto es obvio. Todo es mejorable. Pero el franquismo también tenía sus delegaciones en forma de diputaciones, que no eran sino nidos de corrupción, enchufismo e ineficacia. En fin, ponerse a debatir sobre el programa de Vox es lo mismo que discutir de física teórica con un bebé, todo y nada se puede argumentar.

No creo que Vox, sorprendida por su propia ola, sea una gran fuerza política,ni mucho menos. Y el sistema electoral nacional es muy garantista, por eso, aunque saquen un millón de votos en las generales es muy probable que estén muy repartidos y eso se traduzca en una representación parlamentaria testimonial. Pero ojo con ellos, desde el retrovisor.

Por cierto, una vez más los electores han dado una tunda a esa manga de estafadores y cuentacuentos que son los generadores de encuestas fake. Debería darles vergüenza, dejar de vender motos y dedicarse a un trabajo de verdad.

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