Nada está en su sitio


Las caras y los gestos desplegados en la reunión del G-20 en Buenos Aires pusieron de manifiesto los cambios de roles de los principales países. Ahora, el defensor del proteccionismo es Estados Unidos, antaño adalid de la mundialización y de la integración comercial de la economía; en tanto que China, acérrimo impulsor de un regionalismo de área, se convierte en el referente de un diálogo entre pueblos y de la cooperación mundial. Al mismo tiempo, Europa, germen de la construcción de una sociedad de valores y de normas sustentadas en los derechos humanos y en la solidaridad fraterna de los pueblos, como respuesta a las guerras fratricidas acontecidas en los últimos cuatrocientos años, es, en la actualidad, un continente agrietado por la irrupción de políticos que defienden la xenofobia, la discriminación personal y proclaman renunciar a cualquier atisbo o norma solidaria entre los individuos. Por eso, quizá Víctor Manuel pueda llegar a tener razón cuando titula su último disco Casi nada está en su sitio

No hay que ser un entendido para darse cuenta que una de las cuestiones relevantes a día de hoy son las percepciones sociales sobre nuestra democracia y el asentamiento de los sistemas de valores. Algunas de dichas percepciones son inducidas y manejadas de un modo propagandístico, dando pie a cultivar y asentar, aunque sea a corto plazo, comportamientos populistas que irremisiblemente cultivan la polarización social, estigmatizando cualquier aserto con el que intentan adaptar la realidad a sus propósitos.

En dichas manipulaciones, hoy denominadas fake news, se asientan muchos de los desajustes institucionales presentes en la actualidad. Los teóricos, como Douglas North, premio Nobel de Economía, distinguían el mundo de las instituciones formales (leyes, normas, procedimientos...) de las informales (costumbres, normas no escritas, valores sociales...). Sobre esta base, otros expertos describen sus famosos trilemas, como Dani Rodrik, de la Universidad de Harvard, cuando afirma que entre una apuesta por la globalización, la democracia y la soberanía, hay que escoger de dos en dos, pues nunca podemos atrapar e incorporar los tres conceptos al mismo tiempo. O cuando Peter Drucker, gurú del emprendimiento, nos señala que no siempre podemos lograr sus cinco aspectos claves: satisfacción del cliente; compromisos de la plantilla; innovación; responsabilidad social; y fortaleza financiera, pues algunos se muestran antagónicos cuando se relacionan entre sí.

A la vista de ello, y mirando la situación del Reino Unido y sus proceso de deliberación y decisión en torno al brexit, me inclino a pensar que mi trilema se basaría en tres pilares: participación, decisión democrática y eficacia, en la medida que apostando por una teórica democracia (el que tenga más votos, por ejemplo, siguiendo el resultado del brexit) no necesariamente estaría eligiendo la solución más eficaz (nadie hasta el momento ha escrito que la salida del Reino Unido de la Unión Europea será positiva para los británicos).

En suma, debemos seguir investigando sobre las mejoras de la calidad institucional. Solo una recomendación, que cada uno vuelva a su sitio; porque, si no fuera el caso, podría suceder que los euroescépticos gestionen Europa y los no demócratas gobiernen España.

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