Tezanos se carga el CIS en cuatro meses

José Félix Tezanos
José Félix Tezanos

A José Félix Tezanos hay que reconocerle que en menos de medio año se ha convertido en una de las figuras estelares del gobierno de Sánchez. Ninguno de los fichajes galácticos con los que el presidente socialista deslumbró en julio pasará a la posteridad con el relumbrón de este profesor de Sociología de la Universidad de Santiago, socialista de la agrupación madrileña desde los 70, y desde hace unos meses la persona responsable de guiar a los políticos españoles, especialmente al jefe que lo nombró, por el proceloso mundo de la demoscopia, las preocupaciones de los ciudadanos y su intención de voto.

Si había una moneda común aceptada por todo el mundo en España era el CIS. Como el Estudio General de Medios, y con independencia de cómo se hiciera el guiso, salvo dos o tres cabreados todo el mundo daba por buenos los datos.

Y es de justicia decir que hasta la fecha esos datos había sido más o menos acertados. Solo ha habido dos presidentes en democracia cuyo ascenso al poder no pronosticó el CIS: Zapatero en el 2004, sin duda porque al barómetro no le dio tiempo a valorar la catastrófica gestión del PP de los atentados de Madrid, y Pedro Sánchez. Este último, no hace falta recordarlo, porque no ganó las elecciones.

Pues bien, en apenas cuatro meses, Tezanos se ha cargado todo esto, y hoy en día quizás la mejor manera de augurar qué va a ocurrir en las próximas citas con las urnas sea preguntarle al CIS y pensar que todo lo contrario.

Desde septiembre, Tezanos ha sido capaz de cambiar las reglas del juego, rompiendo una serie histórica de 22 años en los que se habían hecho las cosas de la misma manera. Y por tanto, imposibilitando cualquier análisis futuro. Siempre se ha utilizado despectivamente el término «la cocina del CIS», como la fórmula utilizada por el gobierno de turno para manipular los datos y salir guapo en la foto. En realidad, la cocina era una forma coloquial de denominar la metodología correcta. Es decir, que una cosa era la intención directa del voto (a quién votaría usted mañana) y otra la estimación real que hacía el CIS, para la cual tenía en cuenta muchas otras variables sociodemográficas con las que intentaba corregir los resultados de todos los encuestados que no decían la verdad. O incluso que sí decían lo que pensaban, pero no lo que verdaderamente acabarían haciendo al llegar a su colegio electoral. Para los incrédulos, magia. Para los expertos en series estadísticas, el abecé.

Pues precisamente esa cocina y su serie histórica de 22 años es lo que se ha cargado Tezanos. Y la ha sustituido no por una nueva metodología, sino por tres. Desde septiembre ha cambiado las reglas del juego tres veces.

El escarnio de este último barómetro es mayor que los anteriores porque se hizo coincidiendo con las elecciones andaluzas. Y le da un 4% a VOX cuando en realidad recibió un 10% de los votos. La foto general, según la cual el PSOE sigue siendo el partido dominante, con un margen de 10 puntos sobre el segundo, resulta cada vez más increíble.

Tampoco hay que dramatizar: Tezanos no ha acabado con el complejo sistema español de trasplantes, ni con la zurda de Rafa Nadal, por buscar dos joyas de la corona. Pero está claro que entre arruinar una institución prestigiosa, convirtiendo a Tezanos en el hazmerreír para unos cuantos años, y dejar que la demoscopia constatase su propio hundimiento, Pedro Sánchez ha vuelto a optar por la opción más compleja y también la más irresponsable.

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