Igualdad, mujer e ideología


Uno empezó a sobrecogerse cuando con asombro y estremecimiento observó que, en un acto católico de la España del siglo XXI, no solo participaban los legionarios, sino que cuatro ministros del Gobierno de España cantaban ante el Crucificado «Soy el novio de la muerte». Y sintió dolor cuando el secretario general del Partido Popular, en una extraña y excluyente reivindicación navideña de su españolidad, proclamó: «Si no les gusta, ¡que se aguanten!».

Es obvio que seguimos en los tiempos en los que es necesario luchar por lo que es evidente. No otra cosa es la igualdad, aquella de ‘libertad, igualdad, fraternidad’, en estos tiempos de miedos que la gran crisis del 2008 instaló en nuestras sociedades. Miedos provocados por las profundas desigualdades que se generaron en nuestra sociedad.

Luego de los resultados del congreso del Partido Popular, con el triunfo de FAES, y de los resultados electorales andaluces, con la irrupción de la derecha extrema de Vox, el marco político dominante en España se pretende construir sobre la inseguridad y el miedo. En ello entran las autonomías, los secesionistas, los partidos, la corrupción, la economía, la inmigración, las mujeres y los derechos civiles.

Por ello, que entre las condiciones que Vox ha hecho públicas para autorizar un gobierno del PP y Ciudadanos en Andalucía luzca con singular fulgor la derogación de la ley de violencia de género debe de entenderse como un paso firme e injusto para impedir la igualdad de la mujer. Acompañado con la expulsión de inmigrantes o el pin parental de control escolar y el recorte de competencias autonómicas o la derogación de la ley de memoria histórica. Objetivos tan propios de su ideario enraizado en aquel nacionalcatolicismo que, en esta sociedad española del siglo XXI, asoma siempre que puede la patita.

Encontrando apoyos por ejemplo en una portavoz del Partido Popular que no ve necesario que para ser «mejor mujer» (sic), tenga que defender la igualdad de hombres y mujeres. O en un arzobispo que proclamó que «el feminismo radical» es fruto del «supremacismo, el resentimiento y la ideología de género, de inequívocos orígenes marxistas». Ideología de género paradigmática, si tal hubiere, en su institución religiosa, una organización que segrega a las mujeres.

Si es posible mentir para negar la violencia de género, por qué los siguientes pasos a proponer por VOX y la derecha no deberían llevarles a impedir que la mujer sea jueza, militar, ingeniera, soldadora o informática por ejemplo. O limitar su derecho al pasaporte o a cualquier actividad económica no tutelada por un hombre, e incluso su derecho al voto, como hasta hace solo un instante ha estado sucediendo. Negando con su ideología reaccionaria que la igualdad de las mujeres es un derecho evidente, pero aún lejano, que es necesario vindicar.

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