El relator de Sánchez y Calvo, o la carrera por ver quién se da el mayor costalazo en mayo


La carrera por ver quién se pega el mayor costalazo en mayo es frenética. Con la excepción de Vox, que surfea la ciénaga política desde la cresta de la ola, el nivel competitivo por ver quién se da el mayor guarrazo es tremendo, con los contendientes mostrando una creatividad digna de elogio.

Retirado Mariano a los cuarteles de invierno, el pionero fue Pablo Iglesias, que comenzó a cargarse Podemos el día que decidió visitar a los presos indepes en la cárcel de Lledoners. La izquierda madrileñocéntrica tiene un grave problema: aunque en su fuero interno opina lo mismo sobre Puigdemont, Torra, Junqueras y compañía que la mayor parte de la gente, no quiere parecerse a la derechona ultra del barrio de Salamanca ni en el blanco de los ojos. Y por tanto juega con fuego en el tema catalán. Esta indefinición es especialmente evidente en el Madrid de Carmena y Errejón, y especialmente dañina en la comunidades históricas en las que las franquicias de Podemos son monstruos de dos cabezas, una nacionalista y otra no.

Iglesias fue el pionero, pero desde el vuelco andaluz Pablo Casado está remontando posiciones en el ránking de la catástrofe electoral. Casado tiene con Vox el mismo problema que tuvo Rubalcaba, primero, y el primer Pedro Sánchez, después, con la eclosión de Podemos. Vox lo empuja a unas posiciones que lo sacan del centro, y lo lleva a un territorio en el que el votante va a preferir al original que una mala copia. El espejismo de la Junta de Andalucía no debería impedir ver que Casado se la juega en mayo, y que hay elevadas posibilidades de que no coma, no ya el turrón, sino las castañas del magosto.

Rivera está atechado, pero tendrá sus momentos de gloria cuando arranque la campaña de mayo, porque su política de Recursos Humanos sigue siendo nefasta. Le debe llevar los fichajes el que hizo este año la plantilla del Celta.

Pero quienes se acaban de poner a la cabeza de la clasificación, favoritos a ganar la liga del desastre, son el tándem Calvo-Sánchez. La propuesta del relator, notario, secretario o mecanógrafo, dependiendo de con quién se hable, que mediará entre esos dos enemigos íntimos llamados España y Cataluña, ha logrado una unidad de criterio nunca vista, tanto en los políticos, buena parte del PSOE incluido, como en la opinión publicada, desde Jiménez Losantos hasta Gabilondo, pasando por Alsina, Barceló, García Ferreras o firmas filo-indepes de los nuevos digitales de izquierdas. En lugar de defender que tenemos una democracia de Champions League, el tándem de la Moncloa acepta de facto que necesitamos tutela. Y por tanto le da la razón a PP y Ciudadanos, que llevaban meses anunciando que Sánchez estaría dispuesto a todo con tal de permanecer en la poltrona.  También le hace un daño irreparable al PSOE, un partido de más de 140 años.

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