País soluble


Yo quitaría la jornada de reflexión. Es mejor que no reflexionemos y atemos cabos. Parece que hubieran sumergido nuestra vida pública en algún líquido que mostrase su inconsistencia, como si todo, sobre todo las ideas, fuera propenso a desteñirse y mezclarse como los tintes de mala calidad. Reflexionemos ahora de mentira para percibir los riesgos de reflexionar de verdad y ver que es mejor seguir tirando que dar vueltas a las cosas.

Podemos empezar por algunas de las cosas que están saliendo en el juicio al procés. Xabier Melero, uno de los defensores, tuvo la clarividencia de dejar la matraca de los presos políticos y el freedom for Puigdemont para Piqué y Guardiola y hacer algo más sencillo: dejar que hable el Gobierno de entonces. No hay nada más demoledor. Melero tuvo que pedir al Presidente del Tribunal que le recordara a Soraya Sáenz de Santamaría que era un delito mostrarse renuente a contestar las preguntas de los abogados, de tanto como bizqueaba y balbuceaba. Resulta que la Vicepresidenta y jefa del Centro Nacional de Inteligencia no sabía nada, no había leído los documentos del Gobierno que le recordaba Melero, no conoció riesgos hasta después del 1-O, el día antes del referéndum no tenían constancia de la deslealtad tan pregonada de los mossos y ella, la jefa del servicio de inteligencia, no sabe nada de cuándo el Gobierno perdió confianza en ellos. Con la mayor frescura dicen que aquello era un golpe de estado y que no les consta nada. Zoido, que no había hecho más que gamberradas y golferías en el Ministerio del Interior, tampoco había dado ninguna orden, todo era cosa del «operativo». Rajoy, en su línea de siempre, sólo puede decir sobre el 1-O que ya tal. El Gobierno estaba más ausente del 1-O que Cristina de Borbón de los asuntos de Urdangarín. A su vez Urkullu nos aclara que él sí fue relator / mediador de Rajoy con los independentistas. Y Rivera, Casado, Abascal y Carmen Moriyón sin saberlo; va haciendo falta otro calentón en Colón. Y Urkullu declara saber que Puigdemont era apenas una barquilla entre peñascos rota, sin velas desvelada y entre las olas sola. Es decir, aquel 1-O del severo descrédito internacional de España, el país era un pollo sin cabeza y los policías que golpeaban a la gente eran rabos de lagartija sin dirección ni control. Las instituciones eran cartón metido en agua.

Y en este ambiente de desleimiento, la Casa Real no parece entender la gravedad de que Froilán de Marichalar y Borbón, marqués de los tres Segundos de la ESO, héroe del Tiro en el Pie y cuarto en la línea sucesoria de la Corona, se dejara ver con su pandilla de pijos en una manifestación de extrema derecha contra el Gobierno de Sánchez. El sectarismo o la estupidez hizo que creer a la Regia Casa que la manifestación no era partidista porque la convocaba más de un partido. A lo mejor fue la presencia de Corcuera lo que les hizo sentir transversalidad y neutralidad en aquella mamarrachada. Alguien tendrá que explicarles que el sectarismo y la estupidez, juntos o por separado, pueden ser la gota que haga rebosar la paciencia con la monarquía. El CIS no va a poder contener mucho más la situación. Tienen suerte por la unanimidad de los partidos en no poner ni una idea sobre la mesa y en seguir hablando de los mundos de yupi sin que nadie haya actuado ante esta grave quiebra.

En la escena preelectoral, PP y C’s parecen de verdad metidos en agua con Vox como uno de esos tejidos de color fuerte que tiñe a las demás prendas y las deja inservibles para ser puestas en público. Viene llamando la atención que la locuacidad y mendacidad de Casado sea la habitual de la extrema derecha y es notable que se apunte también C’s a extender la falsedad sistemática en nuestra vida pública. Casado suelta en apenas un movimiento de cabeza que el PP es pionero en la legislación contra la violencia de género y que en el mundo entero se estudia la gestión económica del PP en España (hace tres años y pico el Financial Times publicó que de Guindos era el peor ministro de economía de Europa). Hace unos días Ignacio Prendes, de C’s, dice que si gana Sánchez las elecciones el ministro de exteriores sería Quim Torra. Es una forma de mentir que da que pensar. Supongamos que en el curso de una discusión uno le dice al otro que es un pedazo de mierda y sus acólitos le aplauden. Es imposible que alguien crea de verdad que el otro es literalmente un pedazo de mierda y también es imposible que crea que los demás van a creer eso. Pero el señalado haría mal en responderle que miente, que salta a la vista que él no es un pedazo de mierda. En realidad, el otro no estaba declarando nada verdadero o falso, sólo lo estaba insultando, en la provocación e intento de irritación se acaba el sentido de sus palabras. Los afines aplauden como se aplaude en el boxeo cuando el rival sangra por la ceja, no expresan acuerdo sino satisfacción con el golpe. Y también se complacen en que el debate sea a golpes y no un intercambio de razones. Es imposible que Ignacio Prendes crea que Torra será Ministro de Exteriores si Sánchez forma gobierno. Y es imposible que crea que vamos a tragar ese embuste. En realidad, no es un embuste, es sólo un insulto, dice Torra donde en contextos parecidos otras veces se dice mierda. Quienes aplauden y repiten ese tipo de monsergas, lo que jalean es una campaña sin palabras que digan cosas, se complacen en la irritación y la provocación sin ideas que sean lo bastante consistentes para que siquiera sean mentiras. Ejemplifico con Prendes, porque no es de natural faltón y desabrido y para que él esté en ese nivel es que se trata de una consigna deliberada.

Las izquierdas parecen confiar en que lo ocurrido en Andalucía y los turbios primeros pasos que van dando las derechas a remojo con Vox causarán miedo y los votantes de izquierda dejarán de abstenerse o de votar a opciones marginales que mantengan el viso de progresía al día siguiente en la red social. Y tienen parte de razón. Las barbaridades son lo más creíble de lo que dicen las derechas y justifican un cierto miedo. Y es posible que el tufo extremista movilice el voto izquierdista. Pero los sondeos mantienen una abstención demasiado alta. El puro miedo sin ideas es poco combustible. Sin propuestas claras, diferenciadoras y comprometidas pueden encontrarse con demasiada abstención y demasiadas papeletas en partidos por el Karma, el Amor Romántico o la Honradez Absoluta.

Pedro Sánchez está bien asesorado y está aprovechando bien los errores y huecos de los demás partidos. Pero en una de estas nos puede pasar como al profesor Lindt de Cortina rasgada, cuando se da cuenta de que el profesor Armstrong le había sonsacado su fórmula y exclama: ¡pero si no me ha dicho nada, si no sabe nada! Sánchez habló de libertad, de memoria histórica, de dependencia, de impuestos justos, de servicios básicos universales, pero puede que nos dé por pensar en la ley mordaza, la reforma laboral, el retroceso de la enseñanza pública, las tasas universitarias, los pagos farmacéuticos, los recortes sanitarios y acabemos exclamando: ¡pero si no ha hecho nada, no propone nada! Y Unidos Podemos deberá darse prisa en hacer propuestas que den la sensación de condicionar o apretar al PSOE. Descartada la posibilidad del sorpasso y de estar en la centralidad del tablero, tiene que percibirse capacidad de agitar leyes y de conectar las instituciones con las movilizaciones sociales. Se juegan mucho en la campaña, porque una pérdida de veinte o treinta diputados sencillamente no es un balance aceptable.

En general, todos parecen desteñirse, saltan nombres y fichajes de unos partidos a otros como se desprenden y se mezclan los colores de los tejidos baratos bajo el agua. Históricos como Alfonso Guerra pierden los tintes superficiales y muestran hebras de C’s y Vox camufladas en sus entretelas. Todo esto se resume en la pura y simple falta de ideas, principios y fundamentos. Sin convicciones, la política se reduce a bramidos y lo que parece moderación es sólo tarareo sin letra.

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