Vincent R. Werner es un ejecutivo holandés que, según reza en su biografía, ha vivido los últimos 17 años en España, antes de escribir un libro en el que resume los defectos que en su opinión tenemos por estos pagos, para lo que ha necesitado ¡383 páginas! Su resumen, a grandes trazos: somos el gran peligro de Europa, por indolentes, impuntuales, machistas, desorganizados, etcétera. La leyenda negra 2.0. En la era de la viralidad de Internet, la colección de tópicos aderezada por malas experiencias personales y profesionales del ensayista, convertidas de su puño y letra en generalizaciones, se ha colado por los ordenadores de medio país y ha ocupado un espacio en los medios de comunicación, con un abanico de reacciones que van desde el autoflagelo de muchos al cabreo de otros no menos numerosos.
No sabemos qué opinará el tal Werner -quien pese a los tres lustros que ha pasado entre nosotros apenas es capaz de expresarse correctamente en castellano- de las imágenes que anteayer transmitieron todas las televisiones en las que se veía a centenares de compatriotas suyos, hinchas del Ajax, rompiendo a balonazos los cristales de los edificios de la plaza Mayor de Madrid y exigiéndole a los periodistas: «¡Respeten nuestra privacidad!». Curiosamente, también esta semana saltó la noticia de que en Holanda se había interrumpido una carrera femenina de ciclismo para que los corredores varones, que iban por delante, no fueran alcanzados por las chicas. Esta sí que fue una carrera por la igualdad.
Sin obviar que en España aún tenemos mucho que rascar, parece que en Holanda, aparte de crecer tulipanes (vamos a tirar también nosotros de tópicos) también cuecen habas: un país que alberga semejante banda de vándalos escondida detrás de los colores de un club de fútbol al nivel de los peores hoolingans ingleses o turcos tiene un problema social -y de educación- de fondo. No hace falta ser un ensayista al nivel de Vincent R. Werner para llegar a tal conclusión, ni escribir en plan condescendiente (a ver si os enterais, hombre, que sois un desastre) un tocho de 383 páginas, que por cierto son solo unas pocas más que las que tiene el libro Instrumental, de James Rhodes, ese pianista-mecanógrafo británico que cultiva una cuidada imagen de niño malo de la música clásica y que disfruta aquí de un éxito que no tiene en su país por dos motivos, aparte de su destreza artística: haber declarado por tierra, mar y aire que fue violado de niño -sí, somos un país cotilla- y, sobre todo, por su (ya cansina) declaración de amor hacia España: «Sois como esa chica que se ve fea y gorda cuando en realidad es guapísima», asegura este genio del márketing al que, según consta en sus entrevistas, le gustaría tener «un apartamento» en la mitad de los lugares en los que actúa y que sabe explotar al máximo nuestra falta de autoestima como país para llenar salas de conciertos, vender libros y tener los platós de la tele a su disposición.
Esto es como el chiste aquel de van un holandés, un inglés y un español, pero en este nosotros quedamos de tontos.
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