Ahora sacad el candidato de verdad


No hay día en que Isabel Díaz Ayuso no me deje perplejo. La candidata del PP a la comunidad de Madrid muestra un perfil tan bajo en sus declaraciones, por decirlo sin insultar, que casi parece de broma. Aunque, pensándolo mejor, es muy acorde con el nivel político de su jefe. La última cosa de la favorita de Casado para la joya de la corona de las comunidades es que prefiere que las mujeres no disfruten la baja por maternidad y en lugar de ello se lancen a emprender recién paridas. A emprender una vida separada de sus hijos que otros criarán, quizá quiso decir. Ahí es nada, saliendo de la boca de una mujer de derechas. Quizá lo próximo es eliminar el sufragio femenino o, no sé, volver al permiso obligatorio del marido para abrir una cuenta bancaria. Cada vez que Ayuso abre la boca, tiembla el misterio y se fulmina cien mil votantes. Lo de la candidata de Madrid y otros personajes como Suárez Illana, la peor pesadilla de un jefe de prensa y la prueba palpable de que la inteligencia no siempre se hereda, constituye una muestra de la caída en picado de los populares a la sima de la irrelevancia. Allá al fondo, donde están las cenizas de UCD, CDS, UPyD, CiU y la momia incorrupta de la Operación Roca. He tenido que buscar en internet para acordarme de su partido, El Partido Reformista Democrático, y en la búsqueda sólo me salían los inodoros.

Casado, subido a lomos de Aznar, es el caballo de Troya contra su propio partido, un manual perfecto de todo lo que no se debe ser y hacer en política después de décadas de corrupción. Casi me da pena, dado que su escasa pericia ha provocado la vergonzosa irrupción de Vox. Bueno, en realidad no, no me da pena. Tiene razón el presidente popular en que la derecha no dejó de votar en las recientes elecciones generales, votó abundantemente, en efecto, pero huyó como la peste de su candidatura y no tiene mejor pinta en las autonómicas, europeas y municipales. Él era con mucho la más floja de las tres opciones de sus primarias y salió gracias a que las dos madres de dragones que crió Rajoy se anularon entre sí, victoria tras victoria hasta la derrota final.

Oír hablar al sabio Ángel Gabilondo e incluso al sibilino Íñigo Errejón en contraste con Díaz Ayuso me daría poco para meditar si fuera votante en mi ciudad natal. Es tan obvia la elección para gobernar una comunidad tan rica y compleja, emblema de la España diversa y de la vocación europea, que sólo la nostalgia de la marca puede hacer que el PP siga siendo el segundo partido tras las autonómicas. Se me hace incluso más comprensible el voto a Vox, que en mi opinión no representa sólo el voto de la ultraderecha sino también el voto de la decepción, de la furia, de la frustración, de los antisistema que encuentran en Abascal y Ortega mensajes simplistas para problemas irresolubles. Encuentran respuestas y, sobre todo, buscan venganza disparándose en un pie.

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