Cuando la historia se serene


Uno de los políticos que me ha interesado siempre ha sido Alfredo Pérez Rubalcaba. Fue desde aquel encuentro de la UIMP en el Pazo de Mariñán, julio de 1983, sobre políticas científicas, en los inicios de nuestro trabajo con el Gobierno socialista. Allí iniciamos la transformación de la ciencia española, la primera Ley de la Ciencia, 1986. Alfredo llevándonos a sus reflexiones, a sus soluciones. De ese tiempo tantos amigos.

 Luego llegué a la política institucional a propuesta de Sánchez Presedo y su ejecutiva. Allí estaba Alfredo, 1993, argumentando, convenciéndome. Los socialistas fueron generosos entonces, como lo fue Emilio Pérez Touriño con su ofrecimiento en el 2000.

La IV legislatura, 1993-1997, fue vivida con pasión y resistencia en el declive socialista. Eran tiempos de corrupción (Rubio, Roldan, Filesa, Urralburu), juzgada y condenada, y de persecución al terrorismo de los Gal. En medio de la crudeza interna entre guerristas y renovadores. Eran tiempos de dificultad, la gente silbaba a los socialistas. Algunos diputados no lo soportaron, dimitieron pidiendo la dimisión de González. Eran los tiempos de la operación de Aznar y su base mediática contra Felipe González que Alfredo calificó como operación Conmoción y pavor, recordando batallas de la guerra de Irak. Felipe González perdió las elecciones. «Esa es la democracia», decía Alfredo.

 No es fácil encontrar textos memorialistas de Rubalcaba. De esos 14 primeros años de Gobierno socialista acudan a La memoria recuperada, de Mª Antonia Iglesias. Allí encontrarán mucho y bueno de Rubalcaba. Él ha sido un político de trabajo excelente, pero sin suficiente poder en su partido. Nunca le interesó el poder orgánico por más que haya sido capaz de propiciar cambios profundos en el PSOE, pendientes algunos aún de ser asimilados y desarrollados en toda su complejidad por el partido. Desde el documento de Granada sobre la articulación territorial de España, hasta la conferencia política de estrategias sectoriales, o la elección directa del secretario general por los militantes. Inolvidable su contribución a la derrota de ETA. Y, ya de nuevo profesor y socialista, proponiendo salidas en los grandes problemas de España. En medio del fragor de la DUI secesionista ver a Rubalcaba hablando, solo hablando, con Carles Campuzano y Marta Pascal, confortaba. Hoy, con una despedida inusual en nuestra sociedad, perdemos con dolor a la persona que mostró su capacidad para administrar lo público, para corregir derivas de quiebra política, y para buscar salidas negociadas que fortaleciesen las instituciones. Quienes le hemos seguido con interés, sabemos que finaliza un tiempo. Por más que en tiempos venideros desearíamos encontrarnos a políticos capaces de diseñar, dirigir, pactar y defender lo nuestro. Como hemos visto trabajar a Alfredo.

Comentarios

Cuando la historia se serene