El último hombre en la Luna


Hace exactamente 50 años, el 22 mayo de 1969, los tripulantes del Apolo 10 se convirtieron en los seres humanos que más cerca habían estado nunca de la Luna; orbitaron el satélite y descendieron hasta a 14 kilómetros, que en términos espaciales casi equivale a barrer la superficie lunar. Su misión fue un ensayo general de la que dos meses después comandaría Neil Armstrong y que culminaría con aquel «pequeño paso para un hombre, pero un gran salto para la humanidad». La del Apolo 10 también pasó a la historia por una frase, más bien un exabrupto, el «¡hijo de puta!» pronunciado por Eugene A. Cernan durante un grave incidente en el que módulo lunar -bautizado como Snoopy- se puso a dar vueltas de forma descontrolada, y que se pudo escuchar en la Tierra dado que la misión se retransmitía en directo a todo el planeta. Cernan, que tuvo luego que pedir disculpas por aquello, se quedó al igual que sus compañeros con las ganas de alunizar (la NASA había tomado precauciones y no había rellenado los tanques de Snoopy con suficiente combustible para regresar al módulo de mando). Pero se desquitaría tres años más tarde, cuando se convirtió en el último ser humano que ha pisado la Luna, como integrante de la misión Apolo 17.

Medio siglo después la carrera espacial continúa, no exenta de dificultades. Hoy mismo, dentro de unas horas (la ventana se abre a las 22.30), despegará desde Cabo Cañaveral un cohete de Space X con los primeros 60 satélites de la misión Starlink, con la que la compañía de Elon Musk quiere proporcionar Internet a todo el mundo mediante un anillo de 12.000 de estos ingenios orbitales. Musk será un bocazas, pero no puedo esconder mi admiración por el millonario sudafricano, que simultanea la aventura eléctrica de Tesla -en horas bajas, con las acciones cayendo y un grave problema de liquidez-, proyectos como Hyperloop y sobre todo la actividad espacial. Ha conseguido hitos como enviar la primera cápsula privada a la ISS, hacer que el cohete Falcon 9 regrese y aterrice en vertical -el de Starlink lo hará en una plataforma en el Atlántico-, y ahora quiere lanzar su primera misión tripulada. La Crew Dragón explotó el mes pasado durante unas pruebas, pero solo es un contratiempo, porque el que sigue, la consigue. Como Eugene Cernan.

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