RIP, iTunes


Con él empezó todo. Acabábamos de estrenar el tercer milenio (9 de enero del 2001) y Apple presentó una aplicación para organizar la música en el ordenador. Steve Jobs no se complicó la vida, compró los derechos del programa SoundJam MP, creado por la compañía Casady & Greene -que cerraría sus puertas año medio más tarde- y lo renombró como iTunes. Vamos, como Microsoft con el QDOS/86-DOS de Seattle Computer dos décadas antes, que se convertiría en el MS-DOS, uno de los pilares de la informática personal. Érase una vez los Piratas de Silicon Valley.

El iTunes fue anterior al iPod, lanzado en octubre de aquel 2001 y que sería el primer gadget-objeto de deseo de una nueva era en la que la compañía de la manzana estaba destinada a dominar el mundo de la tecnología de consumo. Estaban hechos el uno para el otro, nada mejor para gestionar canciones que aquel software que permitía convertir los cedés al formato MP3, organizar nuestra biblioteca musical, crear listas de reproducción personalizadas... Y nada mejor para moverse por ellas que la click wheel del iPod, aquella rueda que hacía magia mucho antes de que aparecieran las pantallas táctiles.

En abril del 2003 iTunes se convirtió en tienda online, otro hito que puso patas arriba la industria y supuso el principio del fin de los servicios P2P de intercambio (eufemismo de pirateo) de música, tipo Napster, Audiogalaxy, Kazaa, Ares... Ese modelo sería después copiado con el iPhone y la App Store e introduciría el germen de lo que hoy hace funcionar Netflix, HBO, Amazon Prime y, en general, cualquier servicio de suscripción: si quieres algo de calidad (y eres legal), tienes que pagar por ello.

Pero hace tiempo que vivimos en una nueva era, en la que tecnologías como el streaming y la computación en la nube y compañías como Spotify han marcado el camino a seguir. La música (y cualquier archivo de texto, fotografía, vídeo, aplicaciones, programas...) está en el aire, nunca más en local. Pasa directamente de los servidores a nuestros oídos, solo tenemos que pinchar en un icono que dice «Reproducir». Descansa en paz, iTunes.

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