Unidas Podemos en la encrucijada entre reformismo o reformas en su lucha por el gobierno popular

OPINIÓN

09 jun 2019 . Actualizado a las 05:00 h.

Tendremos un debate muy amplio sobre la táctica política y el programa de reformas hasta el próximo Vistalegre III, donde en lo principal, no nos deben preocupar los errejonistas que aún se mantienen en Podemos, los llamazaristas en IU o las carmenas en las confluencias. Todas ellas expresan ideas del pensamiento reformista desde la aceptación del sistema, que desde su crisis global sistémica visualizada en el 2008, pero que viene de los años setenta del siglo pasado, no admite reformas pero, por contra, la lucha por las pequeñas reformas posibilita que las masas se incorporen a la lucha reivindicativa y esta contradicción durará hasta que se resuelva la principal de quién gana la lucha de clases nacional e internacional, porque el sistema capitalista no está estable, está en crisis terminal y de su salida tienen tanta idea como nosotros. Pero ahora, en lo inmediato, nos debe preocupar más la crítica a la interiorización de la debacle electoral como derrota política, que nos puede llevar al nihilismo y la desmoralización o a la radicalización del mensaje político como huída adelante o salto al vacío.

Diferenciando al reformista del que lucha por reformas, diremos que el reformista pretende siempre lucir al sistema capitalista para hacerlo más presentable al pueblo, cosa compleja en la actualidad, cuando lo que se pretende es blanquear el genocidio que las políticas austericidas del neoliberalismo fascista causan. Pero no es imposible, como se ha demostrado en Madrid y otras partes de Europa y del planeta, que cuando las fuerzas del pueblo se presentan divididas dan la victoria a un neoliberalismo de posiciones políticas, económicas y sociales fascistas e imperialistas. De esta voluntad reformista nace la política del PSOE y cuando la correlación de fuerza no es favorable y la presión social es menor que la del poder económico neoliberal y genocida, su doble alma cede ante la imposibilidad de reformas en esta situación de crisis global del sistema capitalista financiarizado, que ante la disminución del beneficio empresarial, solo les queda la salida de más globalización neoliberal o, lo que es lo mismo, el monopolio del conocimiento, las finanzas virtuales y la producción industrial y agrícola global, para acumular y competir en mejores condiciones con las potencias emergentes.

En cambio, las reformas que nacen de la lucha de la clase trabajadora, especialmente aquellas que surgen desde la espontaneidad de la movilización de las masas, nacidas del vacío que sindicatos y movimiento vecinal han dejado en la defensa sus intereses, cumplen una función de desarrollo de la experimentación y aprendizaje de los sectores más avanzados en la lucha política y social, cada vez más conscientes, de que la única posibilidad histórica de la conquista de un objetivo siempre viene dada de la lucha y de la mano de la unidad de la clase trabajadora y el pueblo. Esto no es nuevo en la historia de la lucha de clases, pero es lo que sucedió con la movilización iniciada por el movimiento en defensa del sistema público de pensiones, contra el acuerdo institucional del Pacto de Toledo de recortarlas y endurecer las condiciones para obtenerlas, las generaciones futuras.